Greene: polémico
 |
|
|
Graham Greene en su biblioteca. |
| |
alberto Luque*
Si Graham Greene hubiera podido celebrar sus 100 años, seguiría activo y polémico, católico y cínico, preocupado por Latinoamérica, obsesionado con los derechos humanos, autor de esos libros estupendos que profundizan, como pocos, en esos nidos de serpientes que en ocasiones sirven de asidero a muchos, especialmente los que, como sus personajes, cargan con la culpa y buscan la redención como sea.
Pocos autores han sido llevados tanto al cine como Greene. La fuerza de sus historias, el drama interior de sus personajes, la violencia de las situaciones compartidas por hombres y mujeres en las condiciones más adversas han sido atractivos para directores y guionistas que, en algunos, casos, han logrado obras maestras como El tercer hombre, El factor humano y El americano impasible.
Una de las mejores descripciones del humor negro, la imaginación, la irreverencia y sobre todo sus ganas de estar al lado de los amigos, la logra Gabriel García Márquez en varios textos que describen la llegada a Washington del presidente Omar Torrijos acompañado por un hombre alto, flaco y colorado, listo a firmar el tratado del canal de Panamá con el presidente Jimmy Carter, al lado del propio escritor colombiano. Es que éste como Greene tenían vetada su entrada a Estados Unidos y sólo con pasaportes diplomáticos panameños, expedidos para una ocasión tan especial en 1978, fue posible esa broma que el mismo Carter celebraría después.
El escritor de las miserias
Un hombre así, con ese sentido estremecedor de la vida; un escritor que sabía describir todas las miserias humanas que miraba a su alrededor, un creador de esta talla tenía que provocar admiración y obsesión en guionistas y directores, originando algunas de las películas y series de televisión más singulares con títulos, entre otros, como El americano impasible que fue adaptada suavemente en 1958 por Joseph L. Mankiewicz, con Audrey Murphy, y en 2002 por Philip Noyce, con un Michael Caine crecido, en uno de los mejores papeles de su carrera; El fin del romance, con Julianne Moore, con ese peso del catolicismo en la decisión de una mujer enamorada, y llevada al cine en dos ocasiones (la primera se llamó Vivir un gran amor); Monseñor Quijote y Doctor Fischer de Ginebra adaptadas en 1985 a la televisión; El cónsul honorario, 1983; Viajes con mi tía, 1972, con una Maggie Smith divertida y sarcástica; El poder y la gloria, adaptada varias veces al cine y la televisión, entre otras en 1961 y 1959; Los Comediantes, por supuesto, con Richard Burton y Elizabeth Taylor, y la apoteosis de su carrera como guionista de Hollywood, El tercer hombre, que se ha convertido en la gran película sobre la condición humana y los espías, con Carol Reed como director y Orson Welles y Joseph Cotten en el reparto, en una Viena llena de sombras en las paredes, pasos que irrumpen en la madrugada y la sensación de ese miedo que comienza cuando el tema musical se escucha y la voz de Welles nos recuerda que asistimos a uno de los grandes momentos del cine de todos los tiempos… y así infinitamente, sin olvidar El agente confidencial, El factor humano y El ministerio del miedo.
Los personajes de Greene siempre apostaban contra su destino y, su fe, en la mayoría de las veces católica, les imponía ciertas reglas ominosas que trataban de saltar, en ocasiones empujados por la belleza de una mujer o por una deuda de honor que los aplastaba. Son hombres solitarios, derrotados a veces, triunfadores otras, que asumen sus roles en la vida con una dignidad prestada por el mismo escritor, uno de los hombres más valientes, honestos y limpios que ha dado la literatura, el periodismo y el cine.
Lista de prostitutas
Greene tenía una pasión desordenada por las prostitutas, a las que frecuentó durante sus 64 años como hombre casado. Según el último volumen de su biografía oficial, firmada por Norman Sherry, que acaba de publicarse, el autor de libros tan famosos como El poder y la gloria o El factor humano tuvo, además, muchas otras amantes.
Cuando una de ellas, Catherine Walston, le preguntó por los rumores según los cuales pagaba a las mujeres por tener relaciones sexuales con ellas, Greene le presentó una lista detallada de sus 47 prostitutas favoritas, que reproduce el dominical The Sunday Times.
“Tenía un enorme apetito sexual, pero al mismo tiempo le gustaba el sexo sin compromiso. Le encantaba la idea de dejarles a las prostitutas el dinero encima del aparador”, afirma el biógrafo, citado por el periódico.
Greene, escritor católico cuyos personajes, en buena parte autobiográficos, son conscientes de estar pecando y tienen angustiosos problemas de conciencia, se sentía profundamente atraído por las mujeres de color.
Según revela la biografía, en un diario personal en el que reflejaba sus sueños relató una fantasía que había tenido sobre la comisión de un acto de alta traición con la reina de Inglaterra, lo que, en la interpretación del biógrafo, es una referencia a un acto sexual con la soberana.
Con ocasión del centenario del nacimiento, la BBC emitirá próximamente una entrevista inédita con el escritor, en la que Greene afirma que la mayoría de las películas que se hicieron en Estados Unidos basándose en sus novelas —El americano tranquilo, El fugitivo, El poder y la gloria, Viajes con mi tía y El factor humano, son “rematadamente malas”.
* (Crítico literario) 
|