Graham Greene: Entre el espionaje y el sexo
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 | Una polémica y novedosa biografía de Graham Greene ha aparecido a próposito del centenario de su nacimiento |
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El escritor británico Graham Greene. |
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Antonio Dopacio/EFE
Coincidiendo con el centenario del nacimiento del autor de El tercer hombre y Cónsul honorario, se ha publicado el último volumen de su biografía oficial en la que se pone al descubierto su pasión por los amoríos extraconyugales, especialmente con prostitutas. Aventurero, espía, “católico agnóstico” y vividor, así era Greene, uno de los grandes escritores del siglo XX.
Graham Greene (Berkhampstead, Hertfordshire, Gran Bretaña, 1904- Suiza, 1991) sentía una pasión desenfrenada por las prostitutas, a las que frecuentó durante sus 64 años como hombre casado y católico y tuvo muchas otras amantes entre las mujeres de bien de su tiempo.
Esto se afirma en el último volumen de su biografía oficial, firmada por el escritor Norman Sherry, y que acaba de publicarse ahora coincidiendo con el centenario del nacimiento del autor que se celebra en estos días.
Greene nombró a Sherry su biógrafo oficial poco antes de su muerte, en 1991, y éste asegura que “el escritor, incluso, me recomendó en cierta ocasión, que visitase Panamá y Oriente Medio para que viese el tipo de prostitutas que más le gustaban: las mujeres de color”.
Entre las amantes que recoge la biografía de Sherry se encuentran la actriz sueca Anita Bjork; Dorothy Glover, una ilustradora de libros, con la que vivió un romance durante la Segunda Guerra Mundial, antes de conocer a Catherine Walston, esposa de un diputado laborista. Yvonne Colleta también tiene un papel destacado en estas páginas, ya que fue su última compañera durante treinta y dos años.
MANÍACO DEPRESIVO
Descendiente por línea materna del novelista, ensayista y poeta escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894), autor de La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jeckyll y míster Hyde, el escritor fue educado en el colegio de Berkhampstead que a la sazón dirigía su propio padre. Cuarto hijo de una familia de seis hermanos, siempre fue un muchacho inteligente, aunque no fuera buen estudiante y, tras finalizar los estudios básicos, pasó a la prestigiosa Universidad de Oxford.
Inscrito en el Balliol College, pese a su poco interés y máximo aburrimiento, se licenció en Historia Contemporánea y se enamoró del cinematógrafo.
Definía su propio carácter como “maníaco depresivo por naturaleza”. De hecho reconoció que en la adolescencia llegó a practicar la ruleta rusa –tras apoderarse de un revólver que pertenecía a su hermano mayor- “como una forma de escapar al aburrimiento”. Le gustaba ponerse en riesgo y comentaba en una entrevista para un diario británico: “De ahí me vino mi vocación, de la necesidad de viajar por países lejanos en tiempos de revolución”.
Efectivamente, en su juventud realizó viajes por diversos países de Europa y América y se aficionó a ello. Autor de grandes novelas de espionaje, conoció el panorama de primera mano, ya que uno de sus primeros destinos fue Sierra Leona, en África Occidental, donde estuvo varios meses como miembro de los servicios de inteligencia británicos.
Tras aquella aventura ingresó en la Compañía Angloamericana de Tabacos y, según confesó: “Esa experiencia estuvo a punto de hacerme abandonar mis actividades literarias en sus comienzos, pero la pasión por contar historias pudo más”.
De hecho, Greene siempre se sintió atraído por el periodismo, por lo que renunció a su cargo en la compañía de tabacos e ingresó en el Journal de la ciudad de Nottingham, para pasar posteriormente a trabajar para el Times de Londres, del que llegó a ser subdirector desde 1926 hasta 1930.
Como escritor comenzó colaborando con relatos y versos en la revistas Saturday Westminster, que dirigía por Royde Smith y en la publicación Oxford Outlook, fundada por Beverly Nichols.
Durante su época en Times se ocupó de la crítica cinematográfica, y en 1929 comenzó su actividad como novelista al publicar Historia de una cobardía.
EL CATÓLICO SUFRIENTE
En el año 1926 Greene sufrió una transformación personal que le llevó a ingresar en la fe católica, ayudado por el sacerdote Trollupe, con quien se instruyó durante tres meses. Esta conversión y su boda con una joven católica, Vivian Dayrrell-Browning, de la que se separó formalmente en 1948 pero de quien jamás se divorció, marcarían para siempre su obra literaria.
Estudió incluso Teología, llegando a ser un verdadero especialista y sus relatos se vieron impregnados de sentido religioso desde esa fecha, donde también se advierte la huella de los Chesterton, Mauriac y Bernanos.
De hecho, a partir de entonces, sus personajes, en buena parte autobiográficos, son conscientes de estar pecando y tienen angustiosos problemas de conciencia. Con ellos funde una profunda penetración psicológica y una angustiosa y conflictiva exposición de la fe cristiana. El problema siempre acontece en la fina hoja de la navaja, en la frontera difícil que separa el bien del mal.
Será la década del treinta al cuarenta su período más fecundo, que coincide con la publicación de las novelas El nombre de la acción (1930), Oriente Express (1932), El agente confidencial (1939) y El poder y la gloria (1939). En 1948 escribió El revés de la trama.
En los años cincuenta escribió otras grandes obras, como El tercer hombre (1950), El americano impasible (1955) y Nuestro hombre en La Habana (1958). De la primera, además de su trabajo literario, Graham Greene escribió el guión para el cine y fue un gran éxito en la pantalla, protagonizada por Orson Wells, Joseph Cotten y Alida Valli y dirigida por Carol Reed.
Pero no era Greene hombre que se conformara con un único género e hizo incursiones importantes en libros de viajes, novela histórica, ensayo y teatro, donde destaca sobremanera con las obras: El cuarto de estar, El amante complaciente y El invernadero. También se hizo una versión teatral de El poder y la gloria.
PREMIOS Y RECONOCIMIENTO
En la década de los sesenta se destaca su novela Los comediantes (1966) y de los años setenta son también dos de sus relatos más conocidos por haber tenido una versión cinematográfica muy popular: Cónsul honorario (1973) y El factor humano (1978). Esta última, basada en la vida del doble espía británico Kim Philby, con quien Greene había trabajado en el servicio secreto británico durante la II Guerra Mundial.
De 1980 son sus novelas El doctor Fisher de Ginebra y Una pistola en venta. Al año siguiente publicó Vías de Escape, continuación de su autobiografía iniciada con Una especie de vida (1971).
En 1982 publicó la obra Monseñor Quijote que es una inteligente obra en la que se combina la parodia literaria, el humor y el debate ideológico, basada en el diálogo entre un sacerdote de La Mancha y un alcalde comunista, y es fruto de sus viajes por España en compañía del sacerdote y especialista en literatura inglesa Leopoldo Durán.
Ese mismo año lanzó Yo acuso, escrito que denuncia la corrupción administrativa y financiera en Niza, y que fue prohibido por los tribunales franceses. A razón de ese escándalo, pasó a residir en Antibes, también en la Costa Azul francesa.
En 1985 publicó El décimo hombre, obra que había sido escrita en 1944. El capitán y el enemigo fue su último libro, aparecido en 1989.
El autor Anthony Burgess decía de Greene: “Siempre tengo que leer tres veces los libros de Graham Greene; la primera para divertirme, la segunda para saborear su bouquet y la tercera para descubrir las implicaciones de sus escondidos aromas”.
Aunque durante muchos años fue uno de los nombres fijos en las quinielas del premio Nobel de Literatura, nunca lo ganó. Él mismo dijo en alguna entrevista que sabía que no se lo concederían “porque en el fondo no estoy considerado como un escritor serio”. De hecho, él mismo definía algunas de sus novelas como “entretenimientos”.
No obstante, Greene obtuvo a lo largo de su dilatada carrera como escritor y periodista numerosos premios y galardones. En 1981, obtuvo el Premio Jerusalén en reconocimiento por su labor en favor de la libertad de los individuos en la sociedad.
En marzo de 1986 fue nombrado Sir por la reina Isabel de Inglaterra y obtuvo también la Orden del Mérito, distinción que sólo poseen 24 personas.
Tras residir durante 30 años en Antibes, en octubre de 1990 abandonó la ciudad para trasladar su residencia a Suiza y allí fue donde falleció, concretamente en el hospital “Providencia” de la ciudad de Vevey, a orillas del lago Leman, debido a un cáncer linfático.
En definitiva, parafraseando al premio Nobel inglés William Golding: “Graham Greene será recordado como el último cronista de la conciencia del siglo XX”. 
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