Sarai
Franklin Bordas
Te has cansado de cientos de tardes, en que muda observas palidecer los días. Abrumada de quehaceres y esa roca a la espalda no impide, que siempre sonriente y amorosa esperes a tu amado —el Señor de tu corazón— Su llegada alicaída y perezosa no expresa gozo al mirarte. Mas su presencia oxigena tus sienes, salta tu corazón como una gacela desabrida, sus ojos como fosas rojizas y cansadas están declarando silenciosos reclamos. Un abrazo frío es la rutina. Un vaso de agua fresca a la mesa, panes, cordero asado y amargo silencio. ¡Abram esta noche será distinta! Basta de reclamar al cielo, basta de quejas, Sarai, ¡dícelo ya! aunque él se ría, “dice el ángel del Señor, que para el próximo año seremos tres” amado mío, saquemos vino nuevo, hoy es el día de la promesa. 
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