Grita por ayuda
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La pregunta es: ¿Quién puede enseñar a Fajardo? |
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Carlos fajardo no pudo hacer nada ante Iván Calderón.
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Edgard Tijerino/Enviado Especial
LAS VEGAS.- La fantasía de que estamos dotados, es a veces un don demoníaco. Está constantemente abriendo un abismo entre lo que somos y lo que quisiéramos ser.
Viendo pelear “a la brava” a Carlos Fajardo, dije: cuánta razón tiene Mario Vargas Llosa en ese señalamiento.
Fajardo trazó planes, soñó, se imaginó la pelea de otra forma, y de pronto, se vio atrapado por una cruel realidad.
No disponía de los mínimos recursos para ir en busca del cinturón mundial.
Ayer domingo, seguramente se despertó gritando en busca de ayuda.
Es natural entenderlo, pero, ¿quién puede hacerlo en un medio tan limitado como el de nuestro boxeo?
No es fácil la construcción de un retador, y de eso quedamos claros en 1974, cuando todos consideramos que Alexis Argüello estaba listo para coronarse frente al “Ñato” Marcel en Panamá.
Las enseñanzas de Kid Pambelé y el esfuerzo de Pepe Morales, se quedaron cortos. Argüello, quien había derrotado a una serie de ranqueados incluido un ex campeón mundial como José Legra, dueño de un potencial exuberante, necesitaba más tiempo en la escuela de gladiadores y otra mentalidad.
Qué rudimentario se vio Carlos Fajardo en la inmensidad del MGM buscando como pelearle al versátil Iván Calderón.
“Voy a atacar desde el inicio disparando golpes”, había prometido, y lo que hizo fue avanzar sin poder disparar, frente a un adversario con una habilidad para desajustar, muy llamativa.
Y cuando disparó, fallaba y se desgastaba, quedando además, abierto para contragolpes oportunos y entradas dañinas, que Calderón, púgil de mucha escuela, aprovechó al máximo.
“Él nunca estaba ahí”, dijo Fajardo, hablando tan lentamente como lo condujeron sus piernas hacia una derrota inapelable, en referencia a la imposibilidad de atrapar a Calderón.
“Tiene que aprender a recortar espacios y cerrar salidas. Sólo así tendrá posibilidades contra rivales que saben moverse”, me apunta Renzo Bagnariol mientras voy en busca de la sala de prensa.
Cierto, pero ¿cómo lograrlo contrarreloj cuando se consigue una oportunidad súbitamente?
“Tu inspiración debe estar lista para no dejar escapar la oportunidad”, recomendaba Picasso. Resulta que la inspiración de Fajardo fue rápidamente desvanecida por la habilidad, frialdad y seguridad, de un Calderón que lució casi magistral contra un rival inexistente.
Carlos Fajardo, joven todavía, grita pidiendo ayuda. Él quiere llegar a ser un retador peligroso, no desnudado en su incipiente tecnicismo.
Pero, ¿quién podrá ayudarle? Será necesario, como se ha hecho con casi todos, hacer una inversión.

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