Fueron falsas expectativas
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Nada fue cierto sobre el “plan Fajardo” |
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Fajardo no dominó en ningún momento a Calderón.
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Edgard Tijerino/Enviado Especial
LAS VEGAS.- “No podés fallar. Hoy cambiará tu vida”.
Esas fueron las frases de Reynaldo Rueda a Carlos Fajardo la noche del sábado, al momento de salir de la habitación rumbo a la Arena del MGM.
El muchacho, nunca locuaz, no contestó.
El grupo era de cinco personas: Mario Arce, Alex Rizo, Rueda, Fajardo y un hermano del púgil. En el pasillo fueron detenidos por el funcionario de la OMB, Luis Pérez, de Puerto Rico para algunas recomendaciones.
Los brazos largos y mayor estatura de Fajardo, mantendrán a Calderón a distancia, se dijo.
No fue cierto. Calderón no encontró inconvenientes para entrar y salir entre la guardia desmantelada de Fajardo. Incluso para dominar viniendo desde atrás con combinaciones.
El poder de Fajardo, hará estragos.
Sin puntería, el poder no se ve, ni se siente. Fajardo estuvo tan errático, que Calderón no pudo comprobar que tan cierto era el cuento de su poder.
Cuando Fajardo lo apriete contra las sogas, no podrá escapar.
Para el nica, fue una misión imposible poder acorralar a Calderón. Sus movimientos, muy lentos, contrastaban dramáticamente con la agilidad del boricua.
“No voy a darle cuartel”, había asegurado el nica.
A la altura del octavo asalto, no quería estar entre las cuerdas. Su desorientación era evidente, y la posibilidad de provocar un impacto definitivo, no se consideraba viable.
¿Hizo falta Arnulfo Obando?
La voz de mando en la esquina era de la Mario Arce. Pero, ¿qué podía ordenar que resultara efectivo frente a esa difícil ecuación que es Calderón?
Ni con Angelo Dundee se hubiera logrado algo.
Recuerdo a Ramón “El Curro” Dossman con aquel Coronado bloqueado y sin ímpetu que perdió con el Brujo Ortega.
Al caer el telón, todos los del equipo de Fajardo se sintieron viajando hacia el centro de la tierra.
“Esta noche cambiará tu vida”, le había dicho Rueda a Fajardo.
Cuando el muchacho se levantó el domingo, el mundo seguía siendo redondo, continuaba en su lugar, y ser campeón permanecía como una tentación.

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