LUNES 29 DE NOVIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23648 / ACTUALIZADA 2:17 am





EL HUMOR DE



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El arranque de nuestro beisbol nacional
Una ilusión fragmentada

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. Aquí un balance de la primera etapa del torneo

 

Edgard Tijerino M.

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Enrique Gasteazoro tomó una lanza, montó sobre su caballo Rocinante, y fue contra los molinos de viento mientras imaginaba, no unos gigantes a los que combatir, sino darle forma y fondo a la Liga Nicaragüense de Beisbol Profesional.

Y sus sueños fueron más allá: buscar un reconocimiento del beisbol organizado, levantar el nivel de competencia, y pelear por un lugar —algún día— en la Serie del Caribe.



LE HA FALTADO UN SANCHO PARA DIALOGAR

¿Qué es lo que hemos visto y cuál es la impresión edificada una vez atravesado el campo minado de la primera vuelta de este torneo?

Que la ilusión de Gasteazoro, la cabeza visible y el hombre a tiempo completo del proyecto, está peligrosamente fragmentada. Por ahora, la posibilidad de ofrecer un mejor beisbol se ha quedado corta.

Cuando en 1955 se decidió dar el salto al profesionalismo el próximo año, el Gobierno aceptó ser uno de los protagonistas como eficaz contribuyente y su apoyo fue decisivo, mas allá de la cuota fijada.

Hoy, el actual gobierno, no parece estar enterado del esfuerzo que se está realizando. “Si este beisbol es profesional, ¿por qué el gobierno va a proporcionar apoyo?, dijo alguien, sugiriendo incluso, apretar las tuercas con los impuestos.

Por favor. ¿Cuándo el beisbol ha sido rentable en este país? ¿qué directivo de equipo ha sacado provecho? ¿qué empresa patrocinadora ha logrado mejorar su crecimiento?

Obviamente, los involucrados estaban corriendo con un riesgo mayúsculo.

Hay cierto apoyo del gobierno, a través del Instituto de Deportes y algunas instancias, sobre todo en lo referente al uso de instalaciones, pero no lo suficiente para fortalecer el proyecto, que en los tiempos actuales, representa un gigantesco reto.

En Cuba, Fidel Castro fue práctico. Siempre estuvo claro de la importancia del beisbol, pese a su elevado costo, para ese pueblo que 45 años después, disfruta sus éxitos mientras mantiene su pasión inalterable y trabaja horas extras. Así que, pese al oleaje de dificultades que se le vino encima, lo impulsó con todos los “fierros”.

Se reacondicionaron y construyeron estadios, se concedió entrada gratuita, se le reservó los mejores sitios a obreros y campesinos de mayor rendimiento, se instaló una industria deportiva, se le dio trabajo como entrenadores a viejas glorias, se aseguró la progresión y crecimiento de la cantera con las Escuelas de Iniciación Deportiva, y se les proporcionó privilegios a quienes alcanzaban el estrellato.

Vamos, se elaboró y desarrolló un plan agresivo. Nuestra “profesional” está todavía muy distante de algo parecido.



PITCHEO PURO

Claro, es imposible garantizar una inversión de esa envergadura, y además, carecemos de los recursos humanos necesarios. Es más, con los cambios experimentados en el concierto internacional, no podemos importar peloteros como los que aquí vimos hace casi 50 años.

Hemos visto buen pitcheo. Hay muchos ceros en las pizarras y pocos corredores circulando. Pero, ¿es un mejor pitcheo que cuando estuvieron por estos lados Remigio Leal, Orestes González, Omar Ajete, Alberto Torres Chacón, Oswaldo Duvergel, Elpidio Pinto, Bienvenido Cedeño más los mejores brazos nicas, entre ellos Vicente Padilla y Diego Sandino comenzando a proyectarse.

Y no fue con esta discutible pelota ni con bate de madera.

¿Cómo se vería el pitcheo actual contra el aluminio, la pelota viva y los bateadores más enteros físicamente?

La defensa ha sido de contrastes. Los fildeadores establecidos han respondido, pese a que la mayoría de ellos, están entrando a una etapa natural de desgaste.

Se ven jugadas brillantes con tanta frecuencia como errores mortales. Las cifras indican que el equipo capaz de realizar más doble-plays, es también el más errático.

Algo parecido se observa con el pitcheo de relevo. Cifras engañosas, porque se malogra constantemente las posibilidades de sacar a flote una herencia peligrosa.

Lo más grave es la poca adrenalina del bateo. ¿Cuántos trescientistas veremos al momento de caer el telón? Ojalá no sea sólo uno como ocurrió en 1970, cuando Carlos García puso en marcha una nueva etapa del beisbol en Nicaragua.

La madera y la pelota le han quitado a este beisbol, la emoción del bateo largo. En 1970, Julio Lagos del Chinandega fue líder con dos jonrones. Hoy, tres hombres han conectado dos, y existe el temor de una cifra más pequeña.
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