El Encuentro por Nicaragua
Personas que participaron en la reunión que se llevó a cabo el viernes y el sábado recién pasados en un centro de convenciones de Managua, la que fue denominada “Encuentro por Nicaragua”, nos reclamaron por el Editorial de ayer que versó sobre dicha reunión y en el que supuestamente mentimos para presentar una imagen negativa del evento.
Sinceramente, lamentamos que alguien le diera esa lectura equivocada al Editorial de ayer, en el que más bien celebramos la iniciativa de convocar o autoconvocarse a un Encuentro por Nicaragua, la que consideramos oportuna y necesaria ante la desolación que han provocado en la ciudadanía las acciones destructivas de los partidos pactistas.
Pero en cuanto a que mentimos, es una imputación que rechazamos de manera categórica. En realidad, lo que dijimos fue absolutamente cierto: que algunos participantes en dicho evento nos expresaron la desilusión que les causó no haber escuchado propuestas concretas para luchar directamente contra los causantes de la bancarrota institucional, política y moral en que se encuentra actualmente el país, sino sugerencias para entenderse también con ellos, de manera “apreciativa”.
Al respecto otras personas que participaron en el Encuentro por Nicaragua comentaron algo muy diferente: que en esa reunión “sólo habían apristas” (es decir, dirigentes y partidarios de la alianza Apre) y que hicieron ese evento para presentarse con otro ropaje después de la derrota electoral que sufrieron el 7 de noviembre pasado. Sin embargo, esa percepción no coincidió con la información directa y confiable que tuvimos sobre los participantes en el Encuentro en la que los miembros de Apre fueron sólo unos cuantos que llegaron a título personal.
De todas maneras, aunque lo hemos expresado en muchas ocasiones es obvio que debemos reiterarlo ahora y tantas veces como sea necesario: LA PRENSA es un periódico independiente que se funda en principios éticos, democráticos y libertarios pero no se “casa” con ningún partido ni movimiento social de cualquier tipo, ni siquiera con aquellos que coincidan con los valores, misión y visión de LA PRENSA. Dicho con otras palabras, que podemos respaldar cualquier iniciativa o planteamiento que consideramos justo, correcto y necesario, pero lo hacemos de manera independiente y al mismo tiempo crítica de los aspectos que a nuestro juicio deban ser criticados.
Por otra parte, el respaldo que LA PRENSA da eventualmente a algún planteamiento, reivindicación, iniciativa o causa originada en los partidos políticos o en la sociedad civil, no significa de ninguna manera que este periódico deba actuar como su vocero, ni que su apoyo es incondicional. Por ejemplo, cuando reconocemos la gran significación del PLC y opinamos que este partido debe “desalemanizarse” para poder recuperar y salvaguardar la democracia, esto no significa que nos estamos asociando con alguna corriente interna del PLC ni que seamos su portavoz.
Lo mismo debemos decir sobre el planteamiento de que es necesario crear una alternativa a las paralelas libero-sandinistas, no como una tercera fuerza política para compartir con el PLC y el FSLN la participación en el poder, sino como una primera fuerza política nacional con capacidad para derrotar a los partidos pactistas. Para LA PRENSA, apoyar esa idea no significa alinearse con aquellos partidos o alianzas que, como el Apre, tienen el mismo planteamiento e inclusive se presentan como su forma embrionaria. E igual ocurre con el respaldo que editorialmente le damos a algunas acciones gubernamentales del presidente Bolaños, las que consideramos positivas, lo que no debe entenderse como que le extendemos un cheque en blanco.
LA PRENSA es un Diario independiente, no es un instrumento de lucha política de nadie. LA PRENSA promueve los valores de la verdad y la justicia, se identifica con los intereses nacionales y forma opinión a favor de la democracia, la libertad y la honestidad en el servicio público. Pero un medio de comunicación social que se convierte en cruzado, vocero o estandarte de cualquier causa y lucha, por muy justa y noble que sea, inevitablemente cae en la tentación de violar la disciplina del compromiso con la verdad, con el balance informativo y la pluralidad de expresión.

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