Clío
Luis Sánchez Sancho
Clío es, en la mitología griega, la musa de la historia. Su nombre deriva de kleos, que significa gloria, o de kleiein, que quiere decir, celebración. Las musas, como se sabe, son las divinidades que habitan en el monte Parnaso, o en el Helicón, junto al dios de la luz y la vida, Apolo, y son las encargadas de proteger las diversas ramas del arte, la ciencia y la cultura en general.
Son nueve las musas, todas ellas hijas de Zeus y Mnemosina: Calíope, que inspira y protege la poesía heroica; Melpómene, la tragedia; Talía, la comedia; Euterpe, la música; Terpsícore, la danza; Erato, la poesía lírica y amorosa; Polimnia, el canto y la retórica; Urania, la astronomía; y Clío, cuya función es mantener siempre vivo, en la mente de las personas, el recuerdo de todos los actos importantes, ya sean generosos y triunfales o penosos y desdichados.
A Clío se le representa coronada con ramas de laurel, sentada en una silla, con una trompeta en la mano izquierda y en la derecha un libro en el que están registrados todos los hechos importantes, pasados y presentes, de la humanidad. A veces también aparece sentada sobre un globo, con el dios del Tiempo a su lado, lo que significa que la historia abarca a todos los lugares del mundo y a todas las épocas.
Cuenta la leyenda que una vez Clío se burló de la desmedida pasión amorosa de Afrodita por Adonis, y la diosa del amor la castigó haciendo que se enamorase con igual locura de Piero, quien engendró en ella a Jacinto. (Según otra leyenda, Piero era en realidad un príncipe de Lacedemonia que engendró nueve hijas, a las que genéricamente llamó Musas y puso a cada una de ellas el nombre que llevan hasta ahora. Y de acuerdo con una versión romana, Piero era un poeta y músico que escribía poemas y cantaba alabanzas a esas divinidades).
Con frecuencia Clío y sus hermanas son requeridas por Zeus para presentarse en el Olimpo a cantar las maravillas de la Naturaleza y alegrar a la corte celestial, con su hermosura física y con la belleza de sus artes. Las musas, cada vez que van al Olimpo para cumplir esa tarea, lo hacen cabalgando en el maravilloso caballo alado Pegaso, el que nació de la sangre de Medusa cuando Perseo cortó la cabeza de aquella monstruosa criatura que era la única mortal de las tres Gorgonas.
Una de las más conocidas leyendas acerca de las musas es la de que un día, cuando ellas paseaban por el bosque, sin darse cuenta se alejaron bastante del lugar de su residencia. Y aconteció que fueron sorprendidas por una súbita tormenta que las obligó a buscar donde guarecerse. Entonces apareció Pireneo, rey de la Fócida, quien les ofreció cobijo en su palacio. Aceptaron ellas el ofrecimiento, pero apenas entraron al palacio se cerraron todas las puertas y quedaron prisioneras de Pireneo.
El malvado rey quería hacer el amor, por la fuerza, con cada una de las musas, pero cuando intentó hacerlo con la primera de ellas, que resultó ser Clío, en las espaldas de ésta y en las de todas sus hermanas, surgieron unas alas que permitieron a las bellas divinidades alzar vuelo y escapar de aquel acosador sexual.
Intentó Pireneo seguirlas y subió a la torre más alta del palacio, de donde se arrojó al vacío pretendiendo volar igual que sus presas fugitivas, pero murió al estrellarse contra el suelo.

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