MARTES 6 DE DICIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 24015 / ACTUALIZADA 12:59 a.m.





EL HUMOR DE



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Mejores carreteras sí, nuevos impuestos no

Francisco Xavier Aguirre Sacasa*
opinion@laprensa.com.ni

En 1789, Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, comentó —seguramente en un momento de realismo y humor negro— que “en este mundo nada es seguro excepto la muerte y los impuestos”.

Dos siglos después, otro norteamericano —el prestigioso economista Arthur Laffer— articuló otra gran realidad: que entre más elevada las tasas impositivas, más pobre suele ser el desempeño económico de los países. A la inversa, Laffer también demostró que bajar las tasas de impuestos no sólo estimulaba el crecimiento económico y bienestar social de las naciones sino que también generaba mayores entradas para el fisco. Este fenómeno, aparentemente contradictorio, se debía —justamente— a esa mayor actividad económica.

La tesis de Laffer, junto con otros poderosos conceptos —como la noción de que el sector privado es mejor para generar y asignar recursos que el estado— revolucionaron al mundo. Fueron pilares fundamentales del manejo económico de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en los Estados Unidos durante los años ochenta. Posteriormente se extendieron a otras naciones que comprendieron las bondades de estos principios.

Desgraciadamente, parece que en Nicaragua todavía no hemos aceptado las lecciones de Laffer. Al menos eso indica nuestro comportamiento. Para muestra un botón.

El 30 de noviembre, leí en LA PRENSA que el gobierno estaba proponiendo un nuevo impuesto para financiar al Fondo de Mantenimiento Vial (Fomav). Y juzgando por las declaraciones de los diputados Wilfredo Navarro, del PLC, y José Figueroa, del FSLN, la Asamblea Nacional aprobará este impuesto. En declaraciones de ambos diputados, nos aseguraron que este nuevo impuesto sería aplicado a las compañías petroleras y no al consumidor. El nuevo impuesto, según LA PRENSA, subiría de seis centavos dólar por galón en el 2006 hasta llegar a 16 centavos dólar en el 2010.

Ahora bien, como todo nicaragüense que circulo en las carreteras de nuestro país, sé que urge darle un mejor mantenimiento a la red vial. En la Carretera Sur, la Carretera Vieja a León y la carretera entre Sébaco y Jinotega —para citar tan sólo algunos ejemplos— hay baches tan enormes que obligan los vehículos a zigzaguear peligrosamente para evitarlos, causan accidentes y ocasionan altos gastos de operación vehicular que los tienen que enfrentar los dueños u operadores de los vehículos que osan transitar en nuestra red vial.

Sin embargo, no considero que un nuevo impuesto sea la manera de resolver este problema por varias razones.

Primero, no me trago la explicación que el nuevo impuesto lo pagarán las compañías petroleras y no los consumidores. Seamos serios. Por vigilante que sea el licenciado David Castillo, del INE, que tendría la misión de proteger al consumidor según los diputados, todos sabemos que estas compañías harán exactamente lo que hace toda empresa que experimenta un aumento en sus costos: elevará sus precios para compensar estos. Esa lección es una de las primeras que uno aprende en primer año de economía… y en la universidad de la vida.

Segundo, el nuevo impuesto castigará al consumidor —el dueño u operador de camión, bus, taxi o carro particular— cuyo bolsillo ya ha sido fuertemente golpeado por los elevados precios de los derivados de petróleo.

En nuestro país, por cierto, estos precios ya reflejan impuestos altos. Por ejemplo, en Nicaragua le pagamos al gobierno 70 centavos dólar por cada galón de gasolina que compramos y 54 centavos dólar por cada galón de diesel. Estas cifras son aproximadamente 70 por ciento y 33 por ciento, respectivamente, por encima del promedio que se paga en los Estados Unidos.

Pero no sólo son más altos nuestros impuestos de derivados de petróleo, sino que nuestra población es mucho más pobre que la estadounidense. ¡El ingreso per cápita en los Estados Unidos es 50 veces el nuestro! Por ende los nicaragüenses no estamos en condiciones de pagar este gravamen adicional.

¿Qué hacer? Se me ocurren dos ideas. La más obvia es asignar una parte de los impuestos que ya pagamos cada vez que compramos un galón —perdón, un litro— de gasolina o diesel al Fomav para mantenimiento vial. Eso sería lo lógico, lo normal.

Otra posibilidad es cubrir los gastos del Fomav con otro gran impuesto que pagamos los nicaragüenses y que ha generado aproximadamente 2.5 mil millones de córdobas en los últimos cinco años. Me refiero al 4.5 por ciento adicional que los patrones y sus empleados pagan al INSS desde marzo del 2000 principalmente para amortiguar el golpe que se esperaba ocasionarían al INSS la creación de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). ¿Se acuerdan de ellas? Pues como la privatización de pensiones nunca se dio, ¿por qué no utilizar parte de esa cotización adicional, que se estima podría alcanzar 600 millones de córdobas en el 2006, para mantener nuestra red vial?

Manejar una economía es el arte de saber escoger entre diferentes opciones y asignar recursos escasos de la mejor manera para promover la más grande prosperidad y bienestar social para los ciudadanos del país. En este sentido, aprendamos de Laffer. Dejémosle más dinero en el bolsillo a nuestras empresas y ciudadanos privados. Y obliguemos a nuestros gobernantes a vivir dentro del holgado espacio que les permiten los altos ingresos fiscales que ya perciben. El Gobierno tiene que aprender a brindarle a la ciudadanía los servicios que con todo derecho exigen —en este caso mejores carreteras— sin perjudicar a la población con más impuestos.

* El autor fue Canciller de la República y trabajó en el Banco Mundial
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