De sembrador de semillaa sembrador de la palabra
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Andrés Álvarez, un campesino de Santa Teresa que dejó el arado y el machete para convertirse en sacerdote, asegura que Nicaragua necesita tener un reencuentro con Cristo |
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Andrés Álvarez, cura párroco de la comunidad de Santiago Apóstol, La Concha.
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Emiliano Chamorro
Su personalidad está caracterizada por una gran sencillez y humildad, que trasciende a lo franco y espontáneo para exponer sus planteamientos. De color moreno, de ojos café y con una gran estatura, más de seis pies, lo encontramos con unos veinte campesinos delegados de la palabra que lo apoyan en las labores de evangelización de la parroquia.
Nos referimos al cura párroco Andrés Álvarez, de la comunidad Santiago Apóstol, jurisdicción de La Concepción, un campesino que a los 31 años dejó el machete, el arado y la semilla para estudiar y convertirse en sacerdote.
Dice sentirse orgulloso de sus raíces. Como campesino, sabe lo duro que es trabajar en el campo como agricultor, vocación que aprendió de sus padres, unos campesinos originarios de Santa Teresa, departamento de Carazo.
Inició su labor pastoral como cura párroco en la comunidad de La Conquista, jurisdicción de Carazo, lugar donde estuvo por más de 11 años al frente de la Iglesia de esa comunidad y donde logró conquistar una gran simpatía dentro de las bases sociales.
Este sacerdote que ha luchado duro para ocupar un puesto dentro de la Iglesia Católica para servir a Dios, aún conserva su piel curtida y sus manos ásperas de las duras jornadas que por años realizó en las labores agrícolas del campo, es del criterio que en Nicaragua se necesita una renovación espiritual completa donde la gente tenga un reencuentro personal con Dios.
Álvarez es de la opinión que Dios creó al ser humano con las facultades suficientes para que éste las ocupe en su formación y para hacer el bien, por lo que “es decisión de cada quien decidir lo que quiere ser y hacer en la vida”.
SU FORMACIÓN
En realidad, si hay alguien a quien se le pueden reconocer sus méritos y esfuerzos por haber logrado concretar sus propósitos, es al padre Andrés Álvarez, pese a que a la edad de 31 años, aún no sabía leer ni escribir, sin embargo decidió prepararse académicamente porque tenía un propósito para su vida: ser sacerdote.
Inició la educación primaria a los 31 años, luego ingresó a estudiar la secundaria y una vez concluido su bachillerato ingresó al seminario La Purísima, donde logró años después de tanto esfuerzo convertir sus sueños en realidad: ser sacerdote.
Aquel campesino alto, de voz desgarrada y brazos largos ya no estaba más en los campos verdes y soleados. Pues desde hace 13 años se dedica a las labores de siembra, no de la semilla sino a cultivar la semilla de la Palabra de Dios, a quien trata de serle fiel cada día, predicando el evangelio a los campesinos de la comunidad de San Juan Bautista.
ACCIóN Y ORACIÓN
Álvarez es del criterio que un servidor de Dios lo deben de caracterizar dos cosas fundamentales en la misión evangelizadora: la acción y la oración.
“La acción y la oración tienen que ir juntas para que podamos combinar nuestros propósitos evangelizadores y sociales. No pueden estar desligadas la acción y la oración porque mi filosofía la combino a través de la evangelización y la acción en el trabajo con los campesinos”, sostiene Álvarez.
El padre Andrés Álvarez tiene a su cargo más de ocho comunidades campesinas, donde asegura se trabaja fuerte en la enseñanza de la nueva evangelización, sin embargo reconoce que hay mucha participación de los campesinos.
Álvarez está consciente de su responsabilidad y de los cambios que ha tenido en su vida, por lo que hace una pausa y reflexiona de esta manera: “Después de ser un campesino sembrador de semilla en la tierra, ahora soy un sembrador de la palabra, por todas las comunidades de esta parroquia”, sostiene.
A pesar que su vocación la descubrió a los 31 años, asegura que no le tienen hijos y que además nunca tuvo novia, pero dice estar enamorado de Dios, a quien dice servirle fielmente.
LLAMADO A LOS JÓVENES
Álvarez hizo un llamado a los jóvenes a la búsqueda de su formación académica, para que tengan una mejor vida y de esta manera evitar caer en los vicios y la delincuencia. A su criterio, los jóvenes de hoy llevan una vida de “de conformidad, no les interesa nada, pero quieren llevar una vida tranquila”, señala.
Asegura que le da tristeza ver a tantos jóvenes que han perdido el interés por la vida, atrapados por las modas y los vicios, que los inducen a cometer actos contra la moral o bien desde temprana edad y sin ninguna preparación profesional, asumen compromisos de formar familias.
Por ejemplo, señaló que la formación de una familia significa mucha responsabilidad “no es asunto de traer a los hijos y ya, hay que prepararse para esas responsabilidades y los padres debemos asumir la responsabilidad de educar a nuestros hijos”, orientó Álvarez.
ADMIRADOR DEL CARDENAL
El cura Andrés Álvarez tiene 54 años y se declara admirador del cardenal Miguel Obando y Bravo, pues según sostiene, el máximo jerarca de la Iglesia Católica de Nicaragua siempre ha estado en la búsqueda de la paz y la reconciliación en los momentos más duros de la historia de Nicaragua de los últimos 30 años.
“Ha sido un hombre que tiene una gran identidad con su pueblo, con un don de diálogo positivo. Yo lo admiro mucho porque siempre ha sido justo y abierto con los más necesitados”, asegura.

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