Reportaje
El todo por Alemán
Eduardo Marenco Tercero magazine@laprensa.com.ni
Lo han intentado con todo: a través de una amnistía, un indulto, una componenda, o por medio de una interpretación auténtica de la Ley Antidrogas. Le han rezado a la Virgen María, a todos los santos del cielo y al cardenal Miguel. Su meta la han logrado a medias: “el hombre” ya está en El Chile. Al menos. Y en ese duro trajinar han aprendido una lección: para ser un verdadero arnoldista hay que ser perseverante
Cuando Arnoldo Alemán cayó en desgracia, el 12 de diciembre del 2002, día en que perdió su inmunidad parlamentaria, tenía todavía mucho arsenal consigo para batirse en duelo.
Aquel día, los sandinistas se unieron a los azul y blanco y consiguieron el voto 47, gracias a la ausencia de Delia Arellano, diputada de Camino Cristiano quien ahora se ha sumado a las filas del bolañismo. ¿Una ausencia circunstancial? En su lugar votó Mariano Suárez, disidente de Camino Cristiano, y el desafuero de Alemán fue un hecho.
Ese mismo día, dos jueces dictaron órdenes de arresto en su contra por los casos del Canal 6 y “la huaca”. Fue recluido en su hacienda El Chile y desde aquel 12 de diciembre, sus partidarios —aquéllos que le cantaban Amigo, El Rey, que aún toman su retrato y lo besan, diciendo “mi gordo lindo”, ésos que lo vitoreaban como al benefactor y que solían decir, “ahí viene el hombre”— todos ellos, demostraron que en las duras también serían leales: organizaron la cruzada de su liberación y desde entonces, no cejaron en introducir recursos para obtener su libertad. No sólo recursos ante la judicial. Argucias de todo tipo.

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