Entrevista
El guerrero Guillén
Eduardo Marenco Tercero magazine@laprensa.com.ni
Manuel Guillén es una mezcla de luchador grecorromano, karateca, arquitecto y caricaturista. “Yo era como una máquina para matar”, asevera, con un eco de Boogie, el aceitoso. Pero es un santo varón. No mata a nadie. Ha dedicado los últimos doce años de su vida, eso sí, a triturar a la clase política nicaragüense, poniendo sal en la herida, develando sus miserias y absurdos. “Sin mala leche”, aclara
Manuel Guillén dibuja con la mano derecha, una mano de nudillos rotos y algo deformes desde hace muchos años, cuando intentó romper varios ladrillos al mismo tiempo durante una exhibición de artes marciales, para la cual, no se había preparado de forma idónea.
Se fracturó el dedo anular, y en el nudillo de su índice aún se nota una pequeña cicatriz. Muestra las dos manos y en la derecha se nota la deformidad al extender los dedos. Guillén no olvida que después de dar el golpe a los ladrillos (¿seis u ocho?) resintió el impacto, percibió la presión, y al verse el puño vio con claridad unas astillas incrustadas en sus nudillos. Dio el saludo marcial, no mostró signos de dolor y se fue a sentar hasta que diera fin la exhibición. Aguantó con estoicismo, le pusieron un paño para contener la hemorragia, y así estuvo, impasible en su silla, hasta que todo acabó. El accidente casi da fin con su vida de karateca, hace 23 años, un arte marcial que en aquellos lejanos tiempos, era tan exótico, que ni federación existía.
Desde que me ha contado la anécdota, no he dejado de pensar en el título de una película de Jackie Chan de los años setenta, cuando éste aún no era un comediante hollywoodense, sino el hombre invencible del cine oriental, sólo superado por Bruce Lee, el legendario. La película llevaba por nombre, El Maestro con los nudillos rotos.

Lea
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