¡Qué oficio!
Santa Claus de medio tiempo
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Nunca en su vida ha visto un trineo, mucho menos a un reno, pero en los últimos tres años, para estas fechas, deja su camión arenero y se disfraza de Santa Claus. Aunque sólo reparte unos pocos caramelos decenas de niños se mueren por tocarlo |
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Amalia Morales magazine@laprensa.com.ni
Un niño se suelta de la mano de su mamá y corre, con la alegría de quien hará un sueño realidad, hasta la entrada de una tienda del Centro Comercial Managua donde está un inmenso hombre de abrigo rojo y guantes blancos que al sentir la manito de la criatura sobre su barriga, exclama con una risa tan falsa como la barba y los colochos níveos que le cuelgan en la cara: “Jo jo jo jo ¿Cómo estás amiguito?” El niño contesta con una sonrisa de oreja a oreja mientras el gordo rebusca un caramelo en una bolsa roja de gamuza y se lo da. El menor satisfecho se va. La escena se repite por lo menos 20 veces en 30 minutos. Unos son felices nada más con tocarlo, pero otros, sobre todo los adultos, van más allá: se sacan fotos con Santa Claus.
Nadie sabe, y tal vez a nadie le interese saber, que debajo del traje de Santa Claus anda Carlos Sánchez, un hombre de 55 años, que de tierras frías sólo conoce San Rafael del Sur, donde dejó el ombligo. Sánchez de lunes a viernes, y a veces los fines de semana, es chofer de un camión que carga arena.
En este oficio de la construcción estaba el día que una empresa de celebraciones lo contrató —seguramente por el aspecto corpulento que dan sus 220 libras y sus seis pies dos pulgadas— para ser Santa Claus en las temporadas navideñas.

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