De viaje
Reino de agua y neblina eterna
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Para los creyentes cristianos el paraíso se encuentra en el cielo y sólo se puede llegar a él después de la muerte, siempre y cuando en vida se hayan puesto en práctica las buenas acciones hacia el prójimo. Pero en Nicaragua existe un lugar que, aunque no es sagrado, ni bíblico, parece un paraíso. Se encuentra en lo alto de una montaña y se llama El Cielo, desde donde cae una de las más altas y bellas cataratas de nuestro país: la cascada de Peñas Blancas, en Jinotega |
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Orlando Valenzuela magazine@laprensa.com.ni
A este lugar puede llegar cualquier mortal, siempre y cuando sea sólo para observar la exuberante belleza que la naturaleza ofrece a la vista. Nada más. Como en el paraíso bíblico, no se debe tomar del “árbol prohibido”, que en este caso se debe entender como toda la fauna y flora de la montaña Peñas Blancas, ya que ésta forma parte de la gran Reserva de Biosfera de Bosawás.
Peñas Blancas es un macizo montañoso de 1,445 metros de altura, donde la mano destructora de los traficantes de madera todavía no ha sido capaz de llegar a la cima para talar sus bosques. Allí, en la cumbre, cubierta casi todo el año por un espeso manto de neblina, nacen decenas de riachuelos que luego caen perpendiculares por los altos farallones de piedra caliza, creando un bellísimo espectáculo a la vista de los viajeros que pasan por la carretera que lleva a El Cuá y San José de Bocay.
La cascada de Peñas Blancas está ubicada en la comarca La Pavona, Jinotega y basta levantar la vista hacia la imponente montaña, que forma el núcleo de la cordillera Isabelia, para descubrir el chorro de agua que cae de los riscos, a manera de un velo blanco, que antes de llegar al suelo se pierde entre las copas de los árboles.El agua cae desde la finca El Cielo, en la cima de la montaña.
Con la ayuda de don Reynaldo Campos que conoce todos los recovecos de las montañas, enrumbamos hacia Peñas Blancas, y aunque desde cualquier lado se puede ver la cascada, tuvimos que entrar por la antigua carretera de El Cuá-La Dalia, hasta llegar a una trocha que sube más de 300 metros, donde se encuentra la chayotera de don Exiquio Montenegro, quien junto a varios trabajadores llena decenas de canastas de deliciosos y robustos chayotes.

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