DOMINGO 16 DE ENERO DEL 2005 / EDICION No. 23694 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Totogalpas escarban su historia

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. La avidez del profesor Francisco Arteaga Zamora por investigar y completar el origen de sus antepasados lo llevó a descubrir a través de excavaciones una vieja ciudad, donde estuvieron asentados los totogalpas. Los vestigios datan desde los años 400 y 600 después de Cristo

Los totogalpinos han empezado a reconstruir “pedazo a pedazo” su historia u origen.

 

Alina Lorío L.
CORRESPONSAL/TOTOGALPA

No todo está escrito en la historia del municipio de Totogalpa, pues recientes descubrimientos de una vieja ciudad indígena indican que su origen aún es desconocido.

La historia ha dormido unos 1,600 años, muy cerca de donde hoy es el poblado de Totogalpa. El interés que imperó en el profesor de español Francisco Arteaga Zamora de completar su libro sobre la historia de Totogalpa lo puso frente a un sorprendente hallazgo.

En un perímetro de tres kilómetros de largo y dos de ancho aproximadamente, en la comunidad San José, constituida por sitios o haciendas conocidas como Los Ángeles, Palmira y La Ceiba, al noroeste de la actual cabecera municipal, muy cerca del río Coco, están los vestigios de lo que pudo haber sido la mayor concentración de indígenas de la época.

Una serie de montículos de forma circular, unos grandes, otros pequeños, que suponen para los más viejos del lugar templos y chozas de una ciudad indígena, afloran en la superficie de terrenos casi desérticos y utilizados para la agricultura o destinada a potreros.

Caminando sobre lo que se supone fue una antigua ciudad indígena hay mucha piedra volcánica, material conocido como obsidiana (piedra volcánica derretida y enfriada instantáneamente en la lava expulsada del cráter, muy similar al vidrio negro) y tiestos, por todo el área.

La necesidad de escribir con más certeza la historia de Totogalpa llevó al profesor Francisco Arteaga y a su primo Miguel Vargas Pilarte a excavar y escudriñar el sitio donde se presume se asentaron los aborígenes.

Una de las hipótesis que ha surgido es que por las características del sitio las tribus fueron obligadas a emigrar a consecuencia de la erupción de un volcán, que de acuerdo a la leyenda se trataba de la Montañita de Santa María, en ese entonces un volcán activo y que tenía comunicación con los volcanes de Guatemala, pero que ahora sólo es un cerro imponente ubicado a unos tres kilómetros al este, frente a la antigua ciudad.

BUSCANDO SUS RAÍCES

De acuerdo a las investigaciones del profesor Arteaga, Totogalpa fue uno de los pueblos indígenas más viejos de la historia precolombina de Nicaragua.

Pero, “¿si Totogalpa es un pueblo indígena, entonces dónde están los indicios? ¿Por qué no hay ninguna muestra?”, fue la inquietud inicial del profesor Arteaga.

Leyendo un poco los libros de historia de Jaime Incer Barquero, Arteaga conoció que las tribus toltecas y potecas desembarcaban en los playones del río Coco y en 30 minutos estaban en Totogalpa.

Estableció una relación inmediata. “Al actual poblado de Totogalpa me tardo de una hora a hora y media, lo que significa que el pueblo de Totogalpa (actual cabecera municipal) no ha estado siempre donde está”.

Ésa fue la primera pista para hacer las exploraciones y exactamente coincidió con lo que andaba buscando. Esa hipótesis fue apoyada por la versión que la abuelita de su primo Miguel Vargas (fallecida a los 110 años) había ofrecido en vida.

“Totogalpa no estuvo siempre donde está en la actualidad”, le había revelado la anciana. Buscando leña su tío también le decía que en el sector de La Ceiba estuvo un pueblo viejo, que los bordos o montículos —el más grande— había sido un templo. Hasta el momento ese sitio no ha sido excavado.

A sus 42 años el profesor Arteaga tiene el propósito de determinar los aspectos históricos del origen del pueblo de Totogalpa, y pretende redactar su libro “lo más completo que se pueda, sin inventar historias, sino que recopilar la historia dispersa del pueblo de Totogalpa y condensarla”, señala el maestro.

EXCAVACIONES Y HALLAZGOS

Han empezado a desenterrar la ciudad de forma empírica. Ambos lugareños han iniciado excavaciones en un solo sitio, en unos dos metros cuadrados, pero han encontrado alrededor de seis vasijas casi completas y otras quebradas por el pasar del tiempo, las raíces de los árboles y el arar de los campesinos que han destinado la tierra a la agricultura y la ganadería.

Enterradas han sido encontradas abundantes artesanías de barro y piedra, como vasijas, piedras de moler, flautas e instrumentos de caza, entre otras cosas, que de acuerdo a algunas averiguaciones datan de los años 400 y 600 después de Cristo.

Según la ficha técnica de una de las vasijas, hecha por el profesor y arqueólogo Bayardo Gámez, de Estelí, esa cerámica aparece en el año 400 antes de Cristo, pero su auge lo tiene entre el 400 y el 600 después de Cristo, “lo que indica que estamos frente a otra historia que no es la que hemos conocido de los indígenas que dieron origen a nuestro pueblo”, insistió.

Una de las bibliografías utilizadas por el profesor Arteaga es el Tomo II de Cerámica de Costa Rica y Nicaragua, versión castellana de Gonzalo Meneses Ocón, Colección Cultural de Centroamérica, para determinar las características de la cerámica encontrada en San José de Palmira y que ha denominado cerámica Totogalpa.

El estudio comparativo revela que la cerámica Totogalpa es muy diferente a la cerámica indígena de la Costa del Pacífico y Nicoya (Sutiaba, Chorotega, Nicarao, Orotina, etc., culturas encontradas a la llegada de los españoles), que se caracterizaban por sus vasijas, platos u ollas trípodes (con tres patitas), mientras que la totogalpina es tetrápode (cuatro patitas) de tipo (color) segovia naranja.

Si los chorotegas fueron de las tribus más antiguas que poblaron Nicaragua —según los historiadores—, que aparecieron en los años 800 después de Cristo, entonces todo indica que existieron otras tribus que habitaron nuestras tierras y que probablemente fueron los nahoas o pocktecas, reflexionó el historiador.

PATRIMONIO MUNICIPAL

En la Resolución 1-2005 del 7 de enero recién pasado, los miembros del Concejo Municipal de Totogalpa autorizaron al profesor Francisco Arteaga que por cuenta propia recopilar la historia del municipio, como único responsable de la protección de los objetos indígenas descubiertos y la exploración del terreno.

Es competencia del Concejo, de conformidad con las leyes en la materia, asegurar, reconocer y certificar toda prueba que indique que el municipio es un pueblo indígena, reconocido como tal hasta el 7 de septiembre del año pasado.

La resolución declara como patrimonio municipal “toda zona o terrenos donde se encuentren hallazgos de artesanías indígenas y objetos precolombinos y postcolonia española, determinándose cada lugar de hallazgo con cercados y rotulaciones prohibiendo —la Policía Nacional— estrictamente la entrada y exploración de personas ajenas a las nombradas por el Concejo Municipal”.

La decisión tiene que ver con el interés de gente foránea que ha descubierto excavando, sacando las piezas para lucro personal o mercancía, debido a que cada vasija tiene un valor entre los 2,000 y 4,000 dólares en el exterior de nuestro país, según la antigüedad.

Parte del mismo acuerdo fue que todo hallazgo de artesanías y objetos indígenas se declarase legalmente como patrimonio del municipio de Totogalpa; también resolvió que toda persona que encuentre todo vestigio indígena deberá cuidar de los mismos, dar información y trasladarlos a lo que será el museo municipal a través del profesor Arteaga.

El Concejo Municipal declaró al Comité de Desarrollo Municipal de Totogalpa como única instancia para rectorar, verificar, autorizar y vigilar el trabajo del profesor Arteaga, así como para autorizar a personas que deseen colaborar con la causa.

No obstante, Arteaga espera que con el apoyo del arqueólogo Bayardo Gámez también el hallazgo pueda ser declarado patrimonio nacional. El área donde se encuentra la cerámica indígena de Totogalpa es amplia, y en ese sentido tiene la perspectiva de que las excavaciones se hagan con mayor profesionalismo y amplitud con apoyo del Instituto de Cultura y el arqueólogo esteliano.

La idea es darle a Totogalpa uno de los museos más grandes y completos del norte de Nicaragua, donde aún sobreviven pueblos indígenas como los de Mozonte, Telpaneca, San Lucas y Cusmapa. En la región, los únicos que tienen museos con sus artesanías antiguas son los pobladores del municipio de Condega, en Estelí, así como otros en la región del Pacífico.

LA FLAUTA: EMBLEMA DEL MUNICIPIO

Entre los hallazgos llama la atención una flautita “de cuatro tonos” con una figura muy parecida a un lagarto y que, de acuerdo a una resolución del Concejo Municipal emitida el 7 de enero recién pasado, podría imprimirse como el emblema o insignia oficial del municipio.

Totogalpa no tiene un emblema oficial y hasta hace unos meses, cuando el pueblo indígena fue certificado por la Alcaldía, surgió la idea de utilizar —tal como el brujito representa a Estelí— un nido con dos aves conocidas como chorchitas.

Para el profesor Arteaga, la flauta indígena, con sus cinco centímetros de largo y sus cuatro tonos, se asemeja a una flauta moderna, “nos da a entender el grado de cultura de nuestros antepasados y que ya tenían una especie de sociedad establecida por la capacidad de identificar los tonos en la música”.

El hallazgo hasta ahora es de dos flautas, pero la segunda es totalmente diferente, pues su figura se semeja a un mono y es aún más pequeña, y por su forma, unas orejitas en su parte superior con orificios eran cargadas en el cuello con collares forrados de pequeñas piezas de barro.

La señora Petrona Zamora López, de 52 años, madre del profesor Arteaga, reprende a sus hijos cuando sacan tono a la flauta-lagarto, porque tiene la ligera impresión de que el viento se enfurece en el lugar donde sale la música.

La creencia no está muy distante de la realidad, porque en la actualidad mientras los campesinos totogalpinos están aporreando los frijoles, mantienen un silbido, con la intención de convocar al viento que tanto necesitan para sacarle la basura a los granos.

“Probablemente los indígenas convocaban al viento con la flauta que me da la figura de un dios, que representaba algo para ellos”, reflexiona el profesor Francisco Arteaga.

CARACTERIZACIÓN

- Fundado: 1911.

- Población: 12,300 habitantes.

- Extensión territorial: 137 kilómetros cuadrados.

- Comunidades: 7.

- Departamento: Madriz.

- Límites territoriales: al Norte con Ocotal; al Este con Telpaneca; al Oeste con Santa María y Macuelizo; al Sur con Yalagüina.

- Altura: 600 metros sobre el nivel del mar.

- Actividad económica: agricultura y ganadería.

- Clima: cálido-tropical.

- Religión mayoritaria: católica.

- Fiesta religiosa: 22 de julio, a Santa María Magdalena.

- Fiesta Tradicional: 8 de septiembre, a la Virgen de Mercedes.

- Apellidos de origen: López, Carazo, Gómez.

- Se sabe que Totogalpa recibe categoría de municipio en 1911, pero de su historia aborigen poco se conoce.

- En el libro Las Segovias, de Celia Guillén, ésta cataloga a los totogalpas como una tribu que tenía como característica que caminaban en trotecillo, un pueblo de viajeros que tenían como costumbre caminar con un bastón liso que ocupaban como símbolo del dios guía.

- El historiador José Mías también dice que probablemente por algunas circunstancias de la vida este pueblo se asentó en ese sitio (donde fue encontrada la vieja ciudad) para darle origen al pueblo de Totogalpa.

- El pueblo de Totogalpa fue sometido en 1603 a la explotación junto a otros pueblos por el capitán Alonso Cáceres, enviado del gobernador de Castilla, quien consideraba a estos pueblos como indígenas de las tribus Matagalpa y Chontal.

- En 1571 cuando Morel de la Cruz pasa por Totogalpa describe que sólo existían 68 casas.

- En la actualidad hay 430 casas lo cual permite la teoría de que el nombre del pueblo está bien escrito, pues se define a los totogalpa como “viajeros”. De acuerdo a ese dato la equivalencia de crecimiento es de al menos una casa por año.

- Para 1871 cuando pasa por Totogalpa el naturalista inglés, Thomas Bell, describe que los totogalpinos no habían cambiado mucho desde la época precolombina a la fecha, porque tienen una forma de cargar con el mecapal (una especie de redes donde metían la carga) que colgaban desde la cabeza hacia la espalda, lo que significaba que los totogalpas eran una tribu emigrante de México.
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