El Nica: autoevaluación
Elvin Martínez Asencio
La obra El Nica de César Meléndez, nos aporta muchas reflexiones y nos invita a revisarnos cómo estamos en casa, en la gran casa Nicaragua.
Como educador logré apreciar en El Nica diversos momentos de reflexión. Al principio capté la discriminación del tico para con el nica y de inmediato una interrogante llegó a mi filosofar: ¿y qué hay del nica al nica?
En Nicaragua convivimos con el racismo y la discriminación a flor de piel, pero muchos pensamos que es normal y lo atribuimos a las populares frases: “¡Y qué, así soy yo!” “¡Así es el nica!” “¡Aquí estamos en Nicaragua!” Los políticos y los escritores suelen justificar estos actos con frases más sutiles como: “Es parte de la idiosincrasia del nicaragüense”, “Así es mi gente”, “¡Dónde está mi gente!”
Habría que reflexionar en lo inmoral e hipócrita de señalar de cruel lo que los ticos hacen con nuestros compatriotas en Costa Rica, pero si es lo mismo que nosotros los nicas hacemos en contra de nuestros hermanos nicaragüenses, campesinos, analfabetos, pobres, homosexuales, negros, mestizos, mulatos, miskitos e indígenas, ancianos, mujeres, niños y niñas maltratados, minusválidos etc. No veo la diferencia si no más bien semejanzas y la invitación al cambio.
Un aspecto precolombino que Meléndez no enfocó en su obra es el malinchismo. Este comportamiento que aún persiste en nuestro medio no es más que la reverencia al color blanco y el desprecio a todo color opuesto. He escuchado cómo las futuras mamás mestizas sueñan con tener sus hijos blancos y de ojos azules y aunque su compañero sea negro, indígena o mestizo tienen esperanza de los genes españoles; otros hablan de la suerte de tener la piel blanca y emigrar a Costa Rica o Estados Unidos. Hablan también de la popularidad que tienen los candidatos blancos a las alcaldías o a la Presidencia de la República, y hasta ellos sacan aprovecho de nuestra idiosincrasia, nos venden rostros bonitos con aire de gringo o español. Recuerdo que decía mi vecina antes de las elecciones: “Yo voy a votar por el gatito, por el chelito”. Y muchos votan por rostro y no por plan de gobierno.
He visto cómo se hace la selección del personal de atención al cliente en las instituciones bancarias, gubernamentales, de comunicación, turismo, donde se prioriza la piel blanca, cabello claro, estaturas, ojos claros y con apellidos raros o bien éstos de descendencia política o económica.
Sin obviar las publicidades en la televisión, en los periódicos, en las calles, revistas, y los megarrótulos en éstos nos venden rostros blancos con aires de aristócratas aunque al fin y al cabo los consumidores sean más bien el 72 por ciento de mestizos, el 9 por ciento de afrocaribeños, el 2 por ciento de indígenas, o el 17 por ciento de blancos que son las etnias de nuestro país.
Pienso que sería más saludable diseñar publicidades multiétnicas por respeto e inclusión. Al parecer las clases sociales del tiempo de la colonia española conservan algunos rasgos inalterados.
He vivido el desprecio disimulado por ser maestro nicaragüense, por tener color mestizo, por ser pobre, por la apariencia. He soportado el maltrato, el ultraje, la descortesía y la indiferencia en las instituciones del Gobierno sobre todo la Política Nacional.
Y al fin debo aguantármelo todo porque de nada serviría denunciar o exigir respeto si al fin no tengo de que asirme a la falta de una ley que me garantice ser bien tratado, respetado y considerado como persona y como ciudadano.
Cada ser humano tiene su manera de ver las cosas y creo que El Nica ha logrado converger en un punto clave: “No más discriminación”. Ésta es una denuncia abierta y reconciliadora.
El autor es director del colegio Colonia Centroamérica Unida.

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