Me cayó mal el nacatamal
Magelda Campos
Es de alabar la inauguración de la Concha Acústica a orillas del Lago Xolotlán con un espectáculo popular. De antemano se auguraba un éxito tan grande que no quise perdérmelo y traté de seguirlo por televisión.
Estoy segura que por variadas razones que se conjugan con los acontecimientos políticos del momento habrá muchas manifestaciones halagadoras y detractoras del evento, por eso quiero comentar algunos aspectos positivos y negativos del espectáculo en sí, transmitido en vivo.
Sentada en mi casa me pareció extenuante y supongo que para quienes estaban en el lugar, de pie, por muchos tragos o cervezas que bebieran, fue peor. Los actos protocolarios pudieron mantenerse en su mínima expresión o mejor, realizarse en lugar aparte y dejar que el animador hiciera breves referencias, por respeto al público y a los artistas.
Imagino que lo fuegos artificiales, por lo que se veía en la tele, deben haber sido soberbios con el fondo del lago; así es y debería ser siempre el uso de la pólvora: simular una lluvia de estrellas sin el estruendo de un combate.
En cuanto a los artistas invitados, bien decía Fabián Medina en su columna En Letra Pequeña, que era un revoltijo poner a compartir un escenario a Hernaldo Zúñiga con “Paquita la del Barrio” y, efectivamente, salió un “nacatamal” no muy bueno y demasiado grande además. Hernaldo Zúñiga canta bien, es un orgullo nacional y tiene unas canciones muy lindas, pero no calzaba en una fiesta popular bullanguera como ésta.
Si se quería equilibrar a los intérpretes nicaragüenses con los internacionales bastaban Macolla, Dimensión Costeña o La Nueva Compañía y si se quería incluir a los grandes de nuestra música popular como Otto de la Rocha, Carlos Mejía Godoy y otros valía la pena hacer el esfuerzo de integrarlos con las mismas orquestas nacionales, más a tono con el tipo de fiesta. Hernaldo podía haber sido objeto de otro espectáculo de otro estilo.
A sólo dos canciones de iniciada la participación de “Paquita la del Barrio” me pareció inoportuna la interrupción del alcalde para entregarle un reconocimiento de “huésped distinguida” y peor aún ver arriba del escenario al alcalde, al vicealcalde y otros acompañantes que no tenían nada que hacer ahí arriba, más que entorpecer su actuación. A pesar de la maestría de los camarógrafos, fueron visibles varias conversaciones, que parecían discusiones, entre el alcalde y el vicealcalde y éste y una damita y el infaltable celular que alguien blandía y ponía de manera perentoria frente a los ojos de alguno de esos personajes importantes; la “Paquita” se quedó muda y atribuyo su falta de reacción a que no esperaba el pergamino, pero, cabe la posibilidad que su cabeza diera vueltas pensando: ¿y ahora qué canto que no parezca un insulto a este homenaje?
Eso de aprovechar actos protocolarios para colocarse al lado de los artistas en el escenario es una notoria falta de respeto, típica de una política provinciana que ya esperábamos superada.
En cuanto a la intervención de los cómicos, aunque técnicamente necesaria, fue evidente su falta de coherencia. Un cómico es para divertir no para decir lo que corresponde decir al maestro de ceremonia. Por ejemplo: que la Concha Acústica es un complemento de la Plaza de la Fe que puede servir tanto para fiestas como éstas, como para la visita de un Papa, suena a parodia en boca de un cómico, por más seriedad que le ponga.
Las intervenciones fuera del escenario son muy apropiadas cuando un espectáculo se transmite por televisión, sobre todo si no hay comerciales que suplan los baches, sin ellas la audiencia televisiva que no participa de la euforia que se produce en las grandes concentraciones cambiaría de canal y, como hay gustos para todos, supongo que el grupo encargado de los entremeses habrá sido gracioso para más de uno, pero la risa, si es que alguien se rió, costó caro al resto de la audiencia.
Ver hombres vestidos de mujer con el paquete de genitales masculinos resaltados por las mallas de lycra u otro con faldas, guitarra en mano, cantando a una jovencita desprevenida, pues nadie en su sano juicio se enfrenta voluntariamente a tanto agravio, da repulsa, fastidio, o vergüenza ajena, ¡cualquier cosa, menos risa!
Para terminar, el espectáculo fue tan extenso que ni siquiera sé si la “Paquita” cantó o no la Rata de dos patas o las otras canciones por las que se ha hecho famosa, porque me quedé dormida y cuando desperté ya la despedían; me incorporé para continuar viendo a los Kumbia Kings, pero el canal de TV nos desenchufó de la plaza.
La autora es actriz y periodista.

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