Preocupación internacional
Diversos hechos políticos ocurridos últimamente permiten barruntar lo que pasaría en Nicaragua si el sandinismo y Daniel Ortega volvieran a tomar el control de todo el gobierno.
La tensa controversia que provocó la publicación del periódico estadounidense Washington Times, sobre los misiles de origen soviético que siguen en poder del Ejército de Nicaragua y los que podrían estar fuera de control oficial, demuestra que la desconfianza de Estados Unidos hacia el FSLN, sobre todo hacia Daniel Ortega, sigue intacta.
Pero no sólo publicaciones norteamericanas consideradas de derecha, como el mencionado Washington Times y artículos de analistas de la Heritage Foundation, son las que están planteando esa desconfianza. El mismo temor se refleja en publicaciones independientes y de centro. Por ejemplo, la semana pasada LA PRENSA reprodujo un editorial de La Nación, de Buenos Aires, Argentina, que califica a Daniel Ortega como una sombra amenazante por sus acciones desestabilizadoras contra el actual Gobierno y por la posibilidad de que el agresivo líder sandinista vuelva al poder en las próximas elecciones nacionales.
Por otro lado, en su edición del recién pasado enero la revista mexicana Letras Libres publicó una entrevista que le hizo Enrico Mario Santi al desaparecido Octavio Paz , en la que se recuerdan algunas acciones nefastas del régimen sandinista. Santi, quien es catedrático de Estudios Hispánicos en la Universidad de Kentucky, señaló que en un coloquio celebrado recientemente en el Colegio de México se acusó a Paz —de cuya obra él, Santi, es especialista— de haber sido injusto con el régimen revolucionario sandinista porque lo llamó “dictadura burocraticomilitar al estilo de la de Cuba”.
Pero Octavio Paz, aclara Santi, basó su apreciación del régimen sandinista en los hechos, y enumera algunos: confiscación de medios de comunicación; censura y cierres de LA PRENSA; clausura de Radio Católica; violación del Estatuto de Derechos y Garantías; creación de los CDS al estilo de los CDR de Cuba; prohibición de encuestas independientes; asesinatos colectivos de indios miskitos y campesinos, y establecimiento de campos de concentración; convenios con los partidos comunistas de todos los países del bloque soviético, etc. A lo que se debe agregar la exportación de la lucha armada a los países vecinos, entrenamiento de guerrilleros y protección a terroristas extranjeros, y tantos hechos más que convirtieron a Nicaragua en enemigo jurado de Estados Unidos y foco candente de inestabilidad internacional.
Ahora, el presidente Bush ha proclamado que “la supervivencia de la libertad en nuestro país (EE.UU.) depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países”. Y advirtió que “la política de EE.UU. es alentar y apoyar el crecimiento de las instituciones democráticas en cada nación y cultura, con el objetivo final de acabar con las tiranías”.
En realidad, actualmente hay en Estados Unidos mucha preocupación por la posibilidad de que el eje antidemocrático que forman Cuba comunista y Venezuela chavista, se extienda a Centroamérica, anexando a Nicaragua, como ocurriría en el caso de que el FSLN con Daniel Ortega como Presidente volviera a gobernar el país. A EE.UU. no le preocupan los gobiernos que son “de izquierda pero no izquierdistas” —como lo aclaró oportunamente el presidente Lula de Brasil—, que hay en Chile, Uruguay y el mismo Brasil. Esos son gobiernos de izquierda pero decentes y solventemente democráticos. Lo que inquieta a las autoridades norteamericanas y a los demócratas latinoamericanos es la creciente ofensiva antidemocrática impulsada por Chávez y Fidel Castro,que se fortalecería con el regreso de Ortega y el FSLN al poder.
Y si a todo lo anterior se le suman los atropellos que desde la Asamblea Nacional están haciendo los sandinistas orteguistas —apoyados por los liberales arnoldistas— contra la recuperación económica del país, ninguna duda puede haber de que si vuelven a gobernar traerían de nuevo la hiperinflación, las “compactaciones” laborales, la represión, la censura de prensa y todas las demás desgracias que sufrió el país durante los años ochenta.

|