Políticos contra la economía
Con el propósito de conseguir recursos adicionales para financiar el mayor déficit fiscal provocado por el desmesurado gasto burocrático del Estado y los aumentos de salario a maestros y trabajadores de la salud, el Gobierno y la Asamblea Nacional planea crear nuevos impuestos, aumentar los existentes y eliminar las exoneraciones que fueron dictadas para incentivar el crecimiento en diversas áreas de actividad económica y social.
Inclusive, representantes del Gobierno y la Asamblea Nacional viajarán a Washington —gastando más dinero del desequilibrado Presupuesto nacional— para pedir al FMI que les avale otra reforma tributaria con ese propósito.
Al parecer los políticos del Ejecutivo y el Legislativo ignoran o no pueden entender que la mesura en la imposición de tributos es la regla de oro de un buen gobierno. En realidad, cualquier economista que no sea populista ni marxista-leninista sabe que las reformas tributarias sólo para aumentar el gasto corriente del Estado producen consecuencias peores que los males que supuestamente pretenden resolver.
Las reformas tributarias para crear nuevos impuestos y aumentar los existentes, con el propósito de aumentar el gasto público —advierten algunos economistas— , son como una bala de cañón disparada hacia arriba que termina cayendo sobre quien accionó el gatillo. Al respecto en nuestro comentario editorial de ayer dijimos, y es necesario repetirlo, que “los diputados suponen que todo se arregla poniendo más impuestos. Deberían saber que más allá de ciertos límites, que ya cruzó Nicaragua, las gabelas desaniman la producción. Y (también deberían saber) que más bien el crecimiento económico se consigue rebajándolas, cuando no quitándolas”.
En realidad, la experiencia histórica universal ha demostrado de sobra que, al menos para los países pobres y atrasados, poner más impuestos y aumentar los ya existentes sólo sirve para mantenerse en el estancamiento económico, en el desempleo masivo, la pobreza y la miseria crónica. Y al revés, el crecimiento de la economía, la creación de riqueza, el aumento del empleo y por consiguiente del bienestar de la gente, sólo se consigue incentivando la actividad económica por medio, entre otras cosas, de la reducción y la moderación de los impuestos.
Como ejemplo bastan dos botones de muestra: Rusia, que como se sabe al igual que Nicaragua transita del totalitarismo hacia la democracia, durante los primeros años de la transición estaba en la bancarrota, no tenía ni siquiera para pagar los sueldos de los soldados. Pero cuando llegó al poder Vladimir Putin —quien como gobernante tendrá muchos defectos, pero al menos no tiene el de la insensatez económica—, redujo la desmesurada carga impositiva que impedía el crecimiento de la economía, estableció un máximo de 13 por ciento de impuesto a las ganancias personales y entonces la situación económica del país y la población mejoró notablemente.
Por otra parte, la semana pasada, en la sección del Wall Street Journal que LA PRENSA publica todos los miércoles en su suplemento Negocios & Economía, apareció un artículo de Sebastián Moffet (Alza de impuestos pondría en riesgo la recuperación japonesa) en el cual se dice que cuando el gobierno japonés subió los impuestos, hace ocho años, se ahogó la recuperación económica. E informa el mencionado artículo del Wall Street Journal que ahora que la carga impositiva se encamina nuevamente al alza y a una posible vuelta a la recesión: “Los aumentos de impuestos desalentarán las compras de los consumidores en momentos en que Japón necesita que la población siga gastando para impulsar el crecimiento”.
Pero Japón es un país poderoso y su población tiene con qué defenderse de la política económica de sus gobernantes. Los nicaragüenses en cambio estamos a la intemperie económica y social, absolutamente indefensos ante los desmanes de los políticos del Gobierno y de la Asamblea Nacional.
Sin duda que el Estado tiene que recaudar impuestos para atender sus obligaciones de proveer a la población salud, educación, seguridad, justicia, etc., así como para financiar el aparato administrativo indispensable. Pero la recaudación de más recursos se consigue facilitando la expansión económica y la creación de riqueza, aumentando los negocios y el empleo, no sangrando a la gente con nuevos y mayores impuestos que a la larga deprimen más la economía y terminan disminuyendo la misma recaudación.

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