Cosas veredes Sancho Amigo
El juvenil humanismo de la linda Lya Barrioz
Mario Fulvio Espinosa Fotos de Mayerly García
Afirma que de niña fue “chimbaronísima” porque trataba de competir y sobresalir en un hogar en que los hombres eran mayoría, no aceptaba rivales ni en el juego con sus muñecas. “Cómo sería la cosa, que siempre terminaba quitándole los novios a mi muñeca Barby; yo resultaba siempre la Novia de Ken”.
“Pero, a pesar de que me decían ‘Lya Terremoto’, yo sabía, yo intuía que en mi casa había un ambiente de patriarcado, donde la última palabra la tenía mi abuelo, pero esa no salía de su boca sin la venia de mi abuela, que representaba y defendía muy bien los derechos femeninos”.
“Sin embargo, no se discutía una orden de mi abuelo, cuando él se sentaba a la mesa, a esa hora teníamos que sentarnos todos y nadie se levantaba sino hasta que él terminaba y lo permitía. Quizá eso ocasionó que fuera levantisca y tratara de hacer más de lo que hacían mis hermanos. ‘Si ustedes corren hasta allá, yo también corro el doble; si ustedes se suben al cocotero, yo también me descalzo y lo hago’, cositas así...”
EN EL CONCIERTO A MARÍA JOSÉ
Debo decir que la noche del 21 de enero, en el concierto que ofrecieron los artistas nacionales en memoria de María José Bravo, vi por primera vez a Lya Barrioz. Llegó erguida y garrida y pronto se apoderó del sentimiento de rebeldía de los presentes, interpretando canciones de Mercedes Sosa.
Ahora estoy aquí, mesa de por medio con esta ‘Azucena Morena’. Sus grandes ojos dominan el ambiente, habla con soltura y acompaña sus palabras con ademanes vehementes, ríe sin inhibiciones ante sus “encaves”, pero es pausada y elocuente al señalar los valores que defiende y forman parte de su personalidad.
“Por esos azares de la vida, mis padres estaban en Costa Rica cuando yo nací. Mi papá es José Barrios y mi madre Susana Sánchez, ambos nicaragüenses. Nací, pues, en San José no hace muchos años... Tengo... La verdad es que hace un par de años decidí que iba a tener la edad que la gente me pusiera, porque siempre salgo ganando”.
— ¿De ese pasaje por la tiquicia qué recuerdos tienes?
Ninguno. Porque me trajeron a Nicaragua antes de cumplir el año. Esta Nicaragua es mi patria, allá sólo dejé el ombligo. Pero Costa Rica es un país al que quiero mucho, porque las veces que me ha tocado llegar en misiones artísticas o en ocasión del Teletón 2000, los ticos me trataron con una fineza extrema.
EN UN AMBIENTE DE ADULTOS
— Ya en Nicaragua, ¿qué recuerdos guardas de tu infancia?
Hice mis estudios de primaria y secundaria en el Colegio Nicaragüense Francés. Vivíamos aquí en Bolonia, en la casa de mis abuelos. Tuve una infancia muy feliz y la gran suerte de no carecer no solamente de lo material sino de lo afectivo, y de recibir de modo permanente el estímulo intelectual de mi familia.
Vengo de una familia de intelectuales, de poetas, de profesionales, y crecí en un ambiente de adultos. Siempre acostumbraba estar parando la oreja para escuchar las conversaciones de los mayores, me gustaba eso, y mi padre me trató realmente como una pequeña adulta, dándome conciencia. Por ejemplo, mi abuelo solía decir: “En esta casa no hay cobardes, cada uno tiene que asumir su responsabilidad y sus culpas por grandes o pequeñas que sean”, entonces yo tenía que decir: “Sí papá, yo quebré el espejo”, y otras cositas así, porque en esa casa la palabra era sagrada, no había por qué mentir.
— ¿Entonces, para el terremoto del 72 estabas muy pequeñita?
No. Simplemente no había nacido. También estuve viviendo en Estados Unidos durante los años de la guerra; me fui con mi hermana en el 78 y regresamos en el 80.
— Existe en la actualidad la tendencia a olvidar la historia...
Hay un gran déficit de conocimientos, el sistema educativo nuestro está lleno de lagunas. No solamente hay interés en sepultar la historia para fines políticos, sino otro interés superior en mantener a la gente en la ignorancia, porque cuánto más ignorante es la gente, más fácil es manipularla.
— ¿Quiénes fueron tus amigas en el Nicaragüense Francés?
María Inés Blandón que es una persona a la que quiero mucho, Lupe Wallace, Sandra Sequeira, Ira del Jordán, Eliut Sandino esposa de Dino Andino, Dafne Sandino y su hermana, Virginia Lacayo de “Puntos de Encuentro”... Aún siguen siendo mis amigas, son amistades entrañables que podemos pasar tiempo sin vernos y cuando nos encontramos siempre mantenemos un diálogo muy rico, porque nos unen lazos fraternos en los que tuvo mucho que ver el momento histórico que vivimos. Fuimos parte de una juventud que tuvo que adquirir conciencia de la realidad social en que vivía, que cambió sus sueños para adaptarlos a otros, y la verdad que lo agradezco porque eso me ayudó a formarme también como ser humano y a ser más sensible ante las necesidades ajenas.
SIGNIFICADO DE UNA ÉPOCA
— ¿Qué tipo de educación impartía tu colegio en ese tiempo?
Era un colegio muy pequeño, donde la atención era personalizada, tanto así que mis amistades no se limitaban a los que cursaban conmigo el año, sino a todo el colegio. No había diferencia de edades y en la banda de guerra tenía que participar todo el mundo, pero aún así le ganamos al Centroamérica en el programa llamado ‘Energía’, que era un concurso intercolegial televisado. Por supuesto yo representé a mi colegio en canto. Eso fue en los años ochenta, en plena efervescencia revolucionaria.
— ¿Te caló mucho esa época?
¡Oh, claro que si! De hecho el que vivió aquí y no se dejó calar por esa época se puede decir que mató su tiempo. Es que uno no puede negar la historia, además, en mí fue algo muy positivo, porque a pesar de que mi familia tenía otras opiniones, yo aprendí a manejar otras habilidades para hacerme más sensible, para salir de la burbuja en que estaba, porque crecí teniendo todo lo que necesitaba, pero las carencias las vi reflejadas en otras personas a las que tuve acceso.
— ¿Participaste en la Cruzada de Alfabetización?
No, porque estaba muy pequeña, mi hermano mayor sí participó. Yo fui con mi mamá a verlo, era la primera vez en mi vida que me picaba una pulga, ni sabía que existían las pulgas. Mi hermano alfabetizó en un lugar llamado Wanawana, en Río Blanco, eran como tres días de camino en burro, una cosa terrible.
ARRASTRADA HACIA EL CANTO
— ¿Cuándo comienzan en tu vida los sueños de ser artista?
Pues vea que cosa más cómica. Cuando era pequeña lo que menos pensaba era en una carrera artística, para nada. De hecho yo era tan tímida que sufría cada vez que mi papá hacía reuniones familiares y sacaba su guitarra, porque yo sabía lo que venía a continuación, de puntillas me iba a esconder a mi cuarto, le ponía llave pensando ilusamente que me iban a dejar tranquila. ¡Pero qué va! Mi papá no entiende de cuentos, así que me llegaba a sacar casi arrastrada, para que fuera a cantar.
—¿Eso no te creó ninguna aversión por el canto?
Poco a poco me fui acostumbrando, aunque en esos tiempos no creía que tuviera algún talento, porque no es lo mismo que te escuchen tus padres y amigos, que te ven con los ojos de la “mamá zorra”, a que te vean en público o que caigas en la opinión de algún crítico. Cantar fue un acontecimiento fortuito, ocurrió que llegué a ser presidenta de cultura de mi colegio y me tocó montar un festival de cultura total, con concursos de todo. Pero a la hora llegada nadie se quiso inscribir, entonces para dar el ejemplo, vengo y me meto al concurso, que al final gané por unanimidad.
— ¿Cómo es eso que ganaste por unanimidad?
Claro, porque fui la única competidora (Y Lya ríe alegremente al evocar ese recuerdo).
(Reitera que aquellos diez años le dejaron un tesoro enorme en el alma). Aprendí a ser humilde, a valorar lo que tengo, lo que heredé de mis padres, de mis abuelos, porque ellos a pesar de todo eran gente muy sencilla, muy humilde, que no se jactaban de lo que tenían, y que si podían compartir, lo hacían. Llegué a tener amistades que rompieron el tabú de las diferencias de clases y proclamaron la equidad y la justicia en todos los órdenes de la vida.
MARÍA JOSÉ: UNIDAD, SOLIDARIDAD
Te vi en el homenaje a María José Bravo, ¿cómo llegaste a ese evento?
Mi contacto fue la periodista Leslie Ruiz Baldelomar. La verdad es que estaba conmovida, no podía hablar porque hay momentos en que uno, como ser humano, como nicaragüense, prefiere callar. Yo hice mi denuncia cantando, porque, como todos, tenemos que hacer algo para frenar la ola de corrupción que nos arrasa, frenar también la indiferencia ante las necesidades de la gente.
Yo dejé que mis canciones hablaran por mí. Me sentía muy mal porque el asesinato de María José era como una cachetada para la dignidad humana, junto con la manipulación que se quiso hacer para impedir la justicia. Gracias a Dios las cosas no salieron como algunos querían, porque se logró una enorme cantidad de unidad y solidaridad humana.
— ¿Cuáles son los más altos valores que quisieras existieran en Nicaragua?
Obviamente se ha perdido la conciencia. Hay gente muy insensible gobernando este país. Me causa dolor ver niños en la calle y que aumenten cada día en los semáforos. Ese es mi punto débil y yo, que estoy disponible para toda causa social, lo estoy aún más en lo que concierne a ellos. ¿No se conmueven los dueños de la economía nacional al ver a esos niños de la noche cargado bebés hasta la madrugada o bajo el sol y la lluvia? Eso es un insulto a la inteligencia y a la dignidad humana.
Por otra parte, se han perdido valores como la generosidad, porque estamos adoptando formas de vida importadas. Lo que se siembra es el egoísmo, la competencia cruel.
Por eso he tomado como eslogan personal los versos de una canción que ha popularizado Mercedes Sosa y que dice: “Sólo le pido a Dios que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola, sin haber hecho lo suficiente”, y me estoy rigiendo por eso.
EN EL “GASTÓN”
Lya Barrioz se dio a conocer ganando un concurso intercolegial televisado que le permitía participar en el Festival de la Canción Rafael Gastón Pérez.
Aquel fue el último "Gastón" que se realizó. Más tarde ese evento se transformó en el Festival OTI, que también ya no existe.
POR LAS CAUSAS NOBLES
“Mi voz es un don que no se me dio fortuitamente, sino para apoyar causas nobles. Ahorita, justo, estoy colaborando con la Fundación Futuro de Nicaragua y con la Quincho Barrilete que dirige el padre Antonio, del barrio Larreynaga, con el fin de rescatar a los niños de la calle. Es para mí una forma de retribuir el cariño y los aplausos del pueblo.

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