Dustin Hoffman de regreso
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Participa con la comedia Los padres de él, junto a Robert De Niro, Streisand y Stiller |
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Dustin Hoffman no pierde la sonrisa en ningún momento.
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INMA TAPIA EFE/ REPORTAJES
Dustin Hoffman sonríe, besa, se retrata con los fotógrafos que previamente le habían hecho las fotografías de su visita y derrocha encanto, sin preocuparle que están a punto de explotar los nervios de quien le ha organizado la visita con los tiempos muy marcados.
Se le perdona todo; incluso un corte de pelo a destiempo en plena promoción, con Manolo García, uno de los peluqueros del equipo de la película Mar adentro, cinta que ha recibido una candidatura a los Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Habla con una verborrea inusual en alguien como él: una estrella de Hollywood, una circunstancia que a él no parece afectarle.
En Los padres de él interpreta al padre de Ben Stiller, casado con Barbra Streisand, un matrimonio libre y sin complejos, del que su hijo en algunas ocasiones se avergüenza especialmente cuando se trata de causar buena impresión a su suegro, Robert De Niro. Un papel del que su familia ha comentado que es lo más parecido al actor cuando está en casa.
¿Cómo fue trabajar rodeado de Robert De Niro y Barbra Streisand?
A De Niro le conocía desde hace tiempo. Habíamos trabajado ya en varias películas. Somos amigos. Con Barbra era la primera vez que trabajaba, sin embargo nos conocemos desde hace tiempo: cuando estudiábamos interpretación lo hacíamos en la misma escuela, compartíamos profesores y clases. Pero no llegamos a conocernos.
SÓLO IMPORTA EL DINERO
¿Ha cambiado mucho la industria cinematográfica desde sus comienzos?
Se ha transformado mucho desde que yo empecé. Se decía que en los sesenta y setenta estábamos en la edad de oro del cine, ahora la diferencia viene marcada por el dinero. En la industria se marca un antes y un después de la película Tiburón. Fue la primera que se distribuyó en miles de cines y fue cuando se empezó a contabilizar los ingresos y las listas de películas más vistas durante el primer fin de semana del estreno.
¿Se ha perdido calidad dando tanta importancia a este hecho?
El arte ha perdido su valor, ahora se mira el dinero que recauda una película, los ingresos, y no da tiempo a que funcione el boca a boca. En mi opinión la llegada del vídeo también ha repercutido en la calidad de las películas. Hasta las películas de poca calidad tienen un presupuesto enorme en promoción.
¿No marca un panorama muy halagüeño?
No lo es. Hoy no se monta una película si no se tienen 65 millones de dólares y hay en el presupuesto exactamente una partida por la misma cantidad. Si el primer fin de semana la película no cumple las expectativas que tenía el estudio, se abandona la publicidad, se retira de parte de los cines y, por tanto, es imposible que remonte y que el público tenga tiempo de interesarse por ella.
NUEVA ETAPA
Esos cambios en el sistema, ¿han tenido algo que ver a la hora de elegir su participación en sus últimas películas?
No elijo mis películas. Son otros los que deciden darme un papel. Los protagonistas de las películas están diseñados para gente de 20, 30 o como mucho 40 años, a partir de esa edad con suerte llegas a hacer otro tipo de papeles menos relevantes. Y en el caso de las actrices la situación es mucho peor.
¿De qué manera ha afectado el éxito a su vida?
El éxito te afecta, te absorbe, llegas a vivir en otro mundo. Te rodeas de gente que te recomienda que aceptes sólo papeles protagonistas porque si no la valoración que los demás tendrán sobre ti bajará, los que te admiran se sentirán decepcionados y, además, empezarás a cobrar menos. Yo he intentado resistir, pero seguí el consejo de mi mujer y empecé a participar en proyectos que me aportaran algo creativo, olvidándome del dinero, del director, del guión e incluso del reparto, y me siento satisfecho. Si tuviera que volver a empezar haría lo mismo.
¿Sin excepciones?
Bueno, si conoce a los productores de 007, preséntemelos, estoy dispuesto a ser el nuevo James Bond si me pagan un montón de pasta.
El actor niega que vaya a trasladar su residencia a Londres, donde tiene una casa, en protesta por la política de Bush, a la que ha sido muy crítico.
Desde hace 25 años está casado con la abogada Lisa Gottseguer con la que tiene cuatro hijos, y una más de un matrimonio anterior. Ya es abuelo y cuenta que no existe una experiencia semejante a la de tener a sus nietos en brazos.

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