JUEVES 17 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23726 / ACTUALIZADA 2:30 am





EL HUMOR DE



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Yalagüina

Manuel Guzmán Centeno

Yalagüina, al igual que la gran mayoría de los poblados de Nicaragua, sufre una aguda crisis económica que se manifiesta en que muchas personas tengan que abandonar a su familia y su pueblo, por emigrar a países como Costa Rica o El Salvador, en busca de trabajo. Asimismo jefes de familia de las comunidades rurales bajan a la cabecera municipal a pedir como mendigos , y otros venden tierras porque no tienen otra cosa que vender.

Estos cuadros de pobreza contrastan sustancialmente con la vida cómoda y alegre de nuestros altos funcionarios públicos (diputados, ministros, magistrados, etc.) que han convertido el Presupuesto del Estado en un suculento manjar, muchos de ellos con la idea de saborearlo toda la vida.

Con frecuencia se escucha y lee en los medios de comunicación que el presidente del Banco Central y otros altos funcionarios afines, alegremente declaran que el Producto Interno Bruto subió y que la inflación está controlada. Pero, ¿de qué le sirve a alguien que no tiene trabajo que el PIB haya subido? No hay dinero para comprar, los paciente s en los hospitales tienen que pagar servicios médicos especializados, comiendo mal. Como expresa mucha gente, en la década del ochenta el país vivía una hiperinflación arriba del 30 por ciento, pero la gente tenía dinero para comprar lo poco que había, todo el servicio médico en los hospitales era gratuito, desde medicina general hasta la especializada. No nos equivoquemos, el pueblo vive de realidades y no de poemas.

Aplaudo la iniciativa de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional de recortar los megasalarios, pero dudo que sea aprobada en el Parlamento, porque ya aparecieron las primeras reacciones de diputados del PLC, como René Herrera y otras colegas más, calificándolas de demagógicas y populistas. Lo que sucede es que estos señores vividores de la Policía defienden a ultranza sus escandalosos salarios.

Repudio la voracidad de estos funcionarios y creo que la Iglesia, tanto católica como evangélica, debe unirse al repudio nacional porque gran parte de su mística es luchar contra la injusticia social.

Profesor
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