Integración: avance y escollos
Los presidentes de Nicaragua y Honduras, con el apoyo de su colega de El Salvador, dieron el martes de esta semana un importante paso en la ruta de la integración centroamericana, al dejar libre, en términos generales, el paso de pasajeros y mercancías por la frontera entre ambos países.
Por otra parte, cuatros días antes los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) dieron a conocer en Tegucigalpa, capital de Honduras, que en junio próximo estará listo el proyecto de pasaporte único en Centroamérica, otro paso significativo para el desarrollo del proceso integracionista.
En realidad, la unión de los pequeños países de Centroamérica es indispensable para que puedan competir apropiadamente en el mercado mundial y para merecer el respeto —no la compasión— de la comunidad internacional. De esto ha habido conciencia desde que los países centroamericanos accedieron a la vida política independiente, en 1821, y por eso fue que en 1824 se constituyó la República Federal Centroamericana.
Sin embargo, las incompetencias gubernamentales, las desmesuradas ambiciones de los líderes políticos y el predominio de las pasiones por encima de las razones, condujeron a la división e inclusive al enfrentamiento entre estas naciones que son hermanas por su origen y su desarrollo histórico.
Los especialistas en integración centroamericana hablan a menudo de las claras ventajas que ésta representa para los pueblos del área, entre las cuales mencionan la participación en bloque —que por lo tanto sería más provechosa— en la economía y el mercado internacional; la elaboración y aplicación de una política exterior coordinada tanto en las relaciones bilaterales como en la intervención en los organismos multilaterales; la ampliación del mercado de consumo para los productos nacionales; la reducción de las migraciones que ya sobrepasan en una gran medida la capacidad laboral y social de los países receptores de recursos humanos; la ejecución de planes de acción multilateral que beneficien a cada país y a sus vecinos inmediatos, y disminuyan hasta superar las distorsiones económicas y sociales; la consolidación de los procesos democráticos en cada uno y en todos los estados centroamericanos; la consecución y enriquecimiento de la identidad cultural centroamericana; la construcción de sociedades más solidarias, más seguras y más protegidas estratégicamente ante los embates de las nuevas grandes amenazas, que representan ante todo el narcotráfico y el terrorismo internacional.
Ahora bien, al mismo tiempo que es digna de ser celebrada la sintonía de esfuerzos positivos de la mayoría de los presidentes del área a favor de la integración centroamericana, también hay que lamentar la discordante actitud del Presidente de Costa Rica, don Abel Pacheco, quien precisamente cuando sus colegas del norte eliminan barreras fronterizas que separan a sus pueblos, y cuando se anuncia también el establecimiento del pasaporte único centroamericano, él, el presidente Pacheco, viene a replantear la exigencia de soberanía costarricense sobre el río San Juan que es legalmente insostenible y políticamente provocativa .
“Aunque Costa Rica y Nicaragua han declarado una tregua en la que no abordarán el tema del fronterizo río San Juan, el presidente costarricense Abel Pacheco aseguró hoy que cuando llegue el momento su país ‘mantendrá su soberanía’. ‘Nos mueve un sentimiento fraternal por Centroamérica, lo hemos demostrado, pero sentimiento fraternal no implica en ningún momento ceder aspectos de nuestra soberanía’, declaró Pacheco en su habitual rueda de prensa semanal en Casa Presidencial”, informó el martes de esta semana el diario La Nación, de San José de Costa Rica.
¿Cuál río fronterizo? ¿Cuál soberanía? El presidente Abel Pacheco sabe muy bien que el San Juan no es un río fronterizo y que su país no tiene soberanía sobre el mismo, sólo derechos de navegación “con objetos de comercio” y de ninguna manera con armas de ninguna clase.
Quizás algún día, en el futuro, no se hablará del nicaragüense sino del centroamericana río San Juan. Pero eso será cuando se logre consumar la integración centroamericana, en cuyos esfuerzos ni siquiera participa actualmente Costa Rica, por su propia voluntad.

|