VIERNES 18 DE FEBRERO DEL 2005 / EDICION No. 23727 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE



[an error occurred while processing this directive]


El desperdicio de los humanos

Foto  

 

Gilberto Bergman Padilla

Coleen y Tom, amigos norteamericanos de mis hijos de Charlote, Carolina del Norte, fueron mis invitados a Nicaragua para pasar las fiestas navideñas y de año nuevo. Les encantó la comida, las isletas, el volcán Mombacho y sobre todo la hospitalidad y el cariño del nicaragüense.

El 31 de diciembre lo pasamos en el mar. El primero de enero, desvelados pero felices, se fueron a bañar al mar. Pero... no pudieron. Me comentaron que la suciedad era tan grande que la playa estaba convertida en un total basurero. Fui a comprobarlo. ¡Qué chanchada! ¡Qué cerdada! Bajo el puente de Masachapa había todo tipo de botellas de plástico de Pepsi-Cola, Rojita, Ensa, vacías latas de aluminio de Coca Cola, de cervezas Toña, Victoria, Heineken, preservativos usados, heces fecales, chancletas viejas, pedazos de plásticos por todos lados, tubos de pasta de dientes terminados, y lo peor: botellas quebradas, etc.

A treinta metros del puente, una enorme bandada de zopilotes degustaba con toda tranquilidad las vísceras de los peces que limpian los pescadores del pueblo. Una señora, empleada de la Alcaldía, halando un carretón deposita en la playa todos los días dos barriles de tripas. Es decir que la playa es convertida en una chureca, debidamente autorizada por la Alcaldía. Unos turistas nicas estacionaron su bus cerca del puente y a la media hora se estaban regresando a buscar otro lugar donde bañarse, pues la tufalera era insoportable.

Todo aquel desperdicio humano es llevado por las olas a alta mar, convirtiéndolo en un inmenso basurero. Las bolsas plásticas y los pedazos de nylon navegan por decenas de años sin degradarse. Las tortugas marinas y los delfines se los comen, pues lo confunden con medusas y terminan por ahogarse. Lo peor: las tapas de las gaseosas que son más duras que el plástico, pueden navegar y permanecer inalterables por más de un siglo sin degradarse.

El doctor James Ludwing, que se encontraba estudiando los albatros en la isla de Midway, hizo un hallazgo espantoso. Cuando comenzó a recoger el contenido del buche de ocho pichones de albatros muertos, encontró: 42 tapas plásticas de botella, 18 encendedores y una cantidad de pequeños pedacitos de plástico. Estos pichones habían sido alimentados por sus padres que no pudieron reconocer los desperdicios al momento de elegir su alimento.

Ni medidas coercitivas, ni rótulos prohibiendo botar basura van a solucionar el problema de nuestra casa grande, es decir, la tierra. Es necesaria una campaña de educación ambiental en las escuelas primarias y secundarias.

Hace un año invité a mi sobrino a almorzar. Pedí una docena de huevos de paslama. Le pregunté si él también quería y me dio una respuesta que todavía suena en mis oídos. “Gracias tío, pero eso es pecado, las tortugas son especies en vías de extinción”. “Y a vos quién te dijo eso”, le pregunté al niño de 9 años, me contestó: “mi maestro en la escuela”.

El autor es rector de la UCC.
.


---
 
 

Derechos Reservados 2002. La información contenida en este medio de comunicación, no puede ser reproducida ni publicada, parcial o totalmente, en ningún otro medio de comunicación privado o público, sin el consentimiento por escrito de LA PRENSA S.A
 

 

Los impuestos y los salarios a los maestros

El desperdicio de los humanos

La OEA necesita liderazgo moderno

Dioses paralelos

Sobre el cierre de Commema