Y además
Dioses paralelos
Luis Sánchez Sancho
Algunas personas me han preguntado por qué a veces llamo a una misma divinidad con distintos nombres. En realidad, se trata de que muchos dioses del panteón griego tienen sus equivalentes con otros nombres, en la mitología romana.
Así, por ejemplo, el dios griego Zeus es el Júpiter de la mitología romana; y Hera, esposa de Zeus (a la vez que su hermana, pues ambos son hijos de Cronos y de Rea), es la Juno romana.
Algunas de las equivalencias más importantes en las mitologías griega y romana, además de las antes mencionadas, son las siguientes (pongo en primer lugar el nombre que tienen en la mitología griega y en segundo lugar el equivalente en el panteón romano):
Cronos (Tiempo) es Saturno. Urano es Cielo. Ares es Marte. Poseidón es Neptuno. Hades (también llamado Plutón por los griegos) es el Orco romano. Atenea es Minerva. Hefesto es Vulcano. Dionisos es Baco. Deméter es Ceres. Eros es Cupido. Artemisa es Diana. Pan es Fauno. Tiké es Fortuna. Heracles es Hércules. Hermes es Mercurio. Afrodita es Venus. Niké es Victoria, etc.
De acuerdo con el enfoque mitológico, no el histórico que es otro asunto, el parecido y en muchos casos la identidad de los dioses romanos con los griegos, se deriva a mi juicio del mito de Eneas, el héroe troyano que al caer Troya en poder de los griegos logra escapar de la matanza y llega hasta Italia, donde transmite sus creencias a los primitivos pueblos de la península italiana.
Eneas era hijo de Afrodita y de Anquises y esposo de Creusa, quien a su vez era hija del rey troyano Príamo y hermana, por lo tanto, de Héctor, Paris y Casandra. Siendo Eneas yerno del rey de Troya, participa en la guerra por la defensa de la gran ciudad asediada por los griegos.
Según Homero, Eneas a pesar de su juventud era sabio y prudente. Por eso, antes de que llegue la flota de los invasores griegos Eneas aconsejó a su suegro Príamo que debían devolver Helena a su esposo Menelao, no sólo para evitar la guerra sino porque eso era lo justo, ya que la bellísima mujer pertenecía a Esparta, donde era la reina. Sin embargo Paris estaba perdidamente enamorado de Helena, y ella le correspondía, de manera que no había manera de que entraran en razón.
Y así fue que cuando los griegos entran a Troya gracias a la estratagema del caballo, urdida por Odiseo, Eneas logra escapar —junto con un puñado de sobrevivientes troyanos— llevando a su padre ciego en hombros y cargando en los brazos a su hijo, Ascanio.
Después de un largo viaje y muchas peripecias (como la llegada a Cartago donde sostiene un ardiente romance con la reina Dido o Elisa), Eneas y sus compañeros llegaron hasta Italia, donde fueron acogidos por el rey Latino, quien estaba en guerra con los etruscos. Eneas ayuda a Latino a ganar la guerra y el agradecido rey da su hija Lavina a Eneas, como esposa.
Eneas y los troyanos enseñaron a los latinos y pueblos vecinos a creer en los dioses griegos y rendirles culto. Pero los romanos, que unificaron después a todos los pueblos itálicos, conservaron la creencia en algunas de sus antiguas deidades originales. Por ejemplo, Muta, diosa del silencio (de la que viene la palabra mutis): Lucina, diosa de las parturientas (de la que se origina la expresión “dar a luz”); Nenia, diosa de los funerales, Nundina, diosa de la purificación de los niños, y los Lares (dioses domésticos) y Manes (almas de los muertos).

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