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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 19 DE MARZO DE 2005
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El año del Quijote

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Marta Leonor González

El 2005 es el año del Quijote. En todo el mundo se celebran los 400 años de uno de los libros más importantes de la literatura española, El Quijote de la Mancha, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra, autor clásico y universal.

Su figura y su obra literaria desbordaron, desde muy temprano para traspasar fronteras geográficas, culturales y lingüísticas, convirtiéndose en patrimonio de la humanidad. El Quijote, muy en particular, tenido como la mejor novela mundial de todos los tiempos por muchos escritores internacionales, ha sido capaz de trascender en cuantas manifestaciones culturales seamos capaces de enumerar: literatura, filosofía, música, película, pintura, escultura... de todo el mundo le han rendido tributo a Don Quijote de la Mancha.

Y recordando a Jorge Luis Borges, que sostenía hablar del Quijote como una tarea estéril e ingrata, ya que se han escrito sobre él tantos libros, bibliotecas enteras, bibliotecas aún más abundantes que la que fue incendiada por el piadoso celo del sacristán y el barbero.

Sin embargo, en su cumpleaños 400, se hace tan vital, hablar de este personaje, un viejo amigo, un viejo conocido, ese chiflado convertido en atalaya ética y estética, ese Quijote reflexivo y burlador, que con sus consejos a su compañero de viaje Sancho Panza, propone modos de gobernar, puntos de cómo llevar la vida; solidaridad y humanismo.

Sin embargo, con todo lo que nos puede decir El Quijote, un personaje que gusta y despierta polémica, un personaje que se traspapela con los deseos más íntimos de sus lectores, por el prototipo idóneo del idealista, de ese soñador, que asume riesgos aunque al final su empresa sea un fracaso.

En esta novela, representado por lo dual, este Sancho Panza el aguafiestas, el tosco, el rudo, el ser ordinario que sólo sueña con viandas y que tiene un sentido práctico del vivir; para él, la vida no tiene metáforas, sino lecciones rudas.

Sancho, en su travesía con Don Quijote, y como buen alumno, ha logrando aprender lo que su tozudo entendimiento le permite. Pero es un aprendizaje doloroso, al igual que su amo, es objeto de burla, golpizas y persecuciones.

Los episodios de la novela que tienen como protagonista al escudero, poseen una ternura entre lo dramático y lo cómico.

El Quijote y Sancho son personajes opuestos en todo. Mientras el primero es un hombre versado en el arte de la lectura, el otro es un analfabeta nutrido a duras penas de cultura oral, y como tal, aprendió la lección: es necesario la locura para hacer de la vida una travesía interesante. Ahora en este breve viaje, leamos un poco de esa magia entre ficción y realidad que transmite El Quijote, a 400 años.  
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