El IV centenario de Don Quijote
Francisco Arellano Oviedo (Secretario de la Academia Nicaragüense de la Lengua)
Es un verdadero acontecimiento que las academias de la lengua española celebremos, en todo el mundo hispánico, el IV centenario de la publicación de la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que ocurre en 1605; la celebración consiste en un nuevo lanzamiento de la obra en una edición académica que lleva en la carátula el subtítulo de edición del IV centenario.
Esta empresa, que por primera vez asumimos las 22 academias asociadas de la lengua española, es novedosa en la asociación, que aún no ha cumplido medio siglo, pero no en nuestra casa fundadora que muy cercana de la fecha de su fundación, 1713, publicó el Diccionario de autoridades, la gramática y la ortografía; luego, se decide a rescatar la gran obra de Cervantes, de los cientos de errores que por la prisa tuvo la Edición Príncipe, errores que en las siguientes ediciones se aumentaron de tal manera, que en palabras de don Francisco Rico: no hay especie de gazapo que allí no tenga su asiento. Pero estas dificultades fueron superadas con la edición de la Real Academia Española, impresa en 1780 por don Joaquín Ibarra.
Esta edición no sólo fue correcta y magnífica, sino también memorable, porque no se escatimaron medios para que la calidad del papel, las ilustraciones, la tipografía y su impresión estuviesen acordes con la nobleza del texto.
Debió haber sido costosa esta edición, porque la Real Academia Española en los años siguientes publicó dos ediciones más cuyos precios fueron populares. Después, académicos de España y de América efectuaron estudios y contribuyeron en la difusión de la obra. Esta edición del IV Centenario se da, pues, en el contexto de una tradición y experiencia de la Academia fundadora, en el reconocimiento y difusión de la gran obra de don Miguel de Cervantes.
La iniciativa de este proyecto tuvo lugar en San Juan de Puerto Rico en noviembre de 2001, cuando representantes de las 22 academias, unánimemente respaldamos la propuesta de don Óscar Acosta, Director de la Corporación Hondureña de la Lengua y Miembro Honorario de nuestra Casa, quien mocionó en favor de una edición coordinada por la Real Academia Española. La Corporación española asignó rápidamente tareas y dio seguimiento al proyecto hasta que en octubre de 2004, en San Millán de la Cogolla, cuna de la lengua española y patria chica del primer poeta de nuestra lengua, Gonzalo de Berceo, nos presentó formato, tipografía, contenido y pruebas de impresión. En San Millán, la mayoría de quienes secundamos el proyecto en una Isla del Caribe, aprobamos su culminación.
Se contextualiza esta edición con palabras liminares en cuanto introducen, y a la vez luminares, porque iluminan pasajes del texto que el tiempo ha vuelto oscuros por los cambios fonéticos, morfológicos y semánticos en la ruta de la lengua española, no sólo por las llanuras de la Mancha sino por las montañas y valles de la tierra americana durante los últimos cuatro siglos.
Títulos y autores de estas palabras liminares y luminares en la edición del IV Centenario son: Una novela para el siglo XXI, de Mario Vargas Llosa; La invención de El Quijote, de Francisco Ayala, el Decano de los académicos de España y América; Cervantes y El Quijote, de Martín de Riquer; Nota al texto de Francisco Rico, quien presenta un texto crítico de la obra, constituido sobre la consulta de aproximadamente un centenar de ediciones antiguas y modernas y sobre la aplicación de los métodos filológicos mejor contrastados; así el texto, que cuenta con 5,403 notas, aparece sistemáticamente modernizado en cuanto a grafía y puntuación.
Finalizado el texto, ocupan las últimas páginas de esta edición los estudios siguientes: El Quijote en la historia de la lengua española, de José Manuel Blecua; Cervantes como modelo lingüístico, de Guillermo Rojo; Los registros lingüísticos del Quijote: la distancia irónica de la realidad, de José Antonio Pascual; Oralidad, escritura lectura, de Margit Frenk; Cauces de la novela cervantina: perspectivas y diálogos, de Claudio Guillén; y finalmente, un glosario especializado sobre la gran obra de Cervantes. Este glosario tiene 3,973 entradas.
Tenemos, pues, un tomo de 1,249 páginas numeradas en arábigo y 101 páginas numeradas en romano que sumadas hacen 1,350 páginas, en formato de 1/16 recortado, 8 x 5 pulgadas, cosido y encuadernado con pasta dura; esta edición hecha por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española fue impresa por Alfaguara, en España, reimpresa la edición que presentamos en Nicaragua, por Impresores Nacionales de Puebla México; la edición es sobria, elegante y anotada en todas las páginas del texto. Fue preocupación de nuestra corporación que esta obra pudiese distribuirse en nuestro país a costos accesibles no sólo para bibliotecas que cuentan con los recursos suficientes para adquisiciones sino también para escuelas, hogares y lectores de recursos limitados.
Deseamos que las criaturas de Cervantes sean conocidas por las actuales y futuras generaciones de nuestro país, ya que su autor no pudo, en aquel entonces, obtener el permiso de venir a nuestras tierras; es necesario que celebremos este IV Centenario volviendo a la lectura y aventura de aquel hidalgo de La Mancha, de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.
No se trata de añorar el ideal del caballero ni de reír por las malas pasadas que sufre el protagonista de la obra; tampoco se trata de ver cómo aquel socorrido idealismo de Don Quijote es acogido por Sancho y el materialismo de éste es recibido por Don Quijote, ni se pretende celebrar el genio español o el ingenio hispanoamericano.
Celebramos una obra maestra de la lengua española que a la vuelta de cuatro siglos continúa siendo una fuente inagotable del idioma que es el don más preciada de nuestra cultura. ¡Qué abundancia de palabras! Y es que el recurso coloquial está presente en la obra cervantina y éste es infinito. Ante la lengua culta de Don Quijote, del bachiller Carrasco o del Cura, la lengua vulgar, recuérdese “vulgus”, pueblo, los atropellos de Sancho cuando se expresa naturalmente y cuando intenta expresarse como los señores y no sólo la lengua de Sancho, sino la de todos aquellos personajes que están en la obra y pertenecen al gran mundo de los desposeídos; pero lo admirable de esto es el respeto por la lengua que guarda Don Quijote, quien con paciencia y pedagogía corrige, una y otra vez, a su escudero.
En la obra, el lenguaje se tensa y se destensa, se acomoda a las circunstancias, unas veces es idóneo para provocar la risa y otras para anunciar el llanto; es adecuado cuando se usa en una carta un discurso, un poema, un retrato; porque todo está en esta obra y, si no, preguntémonos, ¿qué recurso del idioma, qué estilo, qué tema de la vida no se encuentra en esta obra maestra de Cervantes? 
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