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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 19 DE MARZO DE 2005
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“El Quijote”de Dalí

Foto  
.Salvador Dalí recrea fielmente al Quijote, escaso en carnes y de rostro enjuto, muy delgado y de elevada estatura, avejentado, de barba puntiaguda y bigotes largos, auténtico icono del comic

 

Carmelo Lattassa
Efe-reportajes

Cervantes reconvirtió el concepto de la novela de caballería, parodiándola a través del famoso caballero Don Quijote. La historia lo convertiría en un icono que requería de un enfoque nuevo, llegado el siglo XX. Dalí lo encontró. Por eso la fuerza de sus imágenes abrió las puertas del Surrealismo a la iconografía del batallador de los molinos. A través de sus trabajos en guache y sus grabados, se puede ver todo el sentido psicoanalítico de Don Quijote y Sancho.

Dalí no quiso perder esa oportunidad, amante del dinero y sobre todo de las figuras geniales, el catalán acometió la imagen del Quijote con naturalidad y respeto, cuestiones que se pueden ver a través de la sobriedad de las interpretaciones que el pintor hiciera.

En 1945 recibió una carta de su padre, en la que comentaba a propósito del Quijote: “Es una obra en la que tus facultades podrán sobresalir extraordinariamente”. Por eso, no perdió la oportunidad.

No deja de ser curioso el hecho de que un castellano como Cervantes, nacido en Alcalá de Henares, fuese reinterpretado a través de las ilustraciones de un catalán, en Nueva York (lugar donde Dalí realizó las ilustraciones), basadas en el personaje de un caballero manchego.

La historia de un hidalgo aficionado a leer libros de caballería que se vuelve loco, le da por creer que es un caballero andante y sale tres veces de su aldea en busca de aventuras que son auténticas locuras, hasta que, obligado a regresar a su casa, enferma, recobra el juicio y muere. Esta clara invectiva contra los libros de caballerías es la base de lo que luego generaría ríos de tinta, explicando e interpretando lo que “el Manco de Lepanto” quiso decir.

Como es sabido, originalmente fue un libro de denuncia contra los escritores del género caballeresco, acusándolos de enemigos de la verdad, “pues relatan casos mentirosos e imposibles, lo que puede ocasionar que la gente ignorante los tome por relatos ciertos”. Completamente loco, Don Quijote confundió a Tristán y Amadís de Gaula, o el Gran Capitán dentro de la misma realidad.

FIEL REFLEJO DALINIANO DEL HIDALGO

Dalí recrea fielmente al Quijote, escaso en carnes y de rostro enjuto, muy delgado y de elevada estatura, avejentado, de barba puntiaguda y bigotes largos, auténtico icono del comic.

Pero Dalí hace más, reinventa las escenas, las recrea fabulando a sus maestros primigenios, como en el pasaje en que Sancho es manteado y el pintor lo recrea a la manera de El pelele, de Goya. Le muestra bailando desnudo con los brazos en alto frente a Sancho, o una cabeza del Quijote que se ofrece sobredimensionada casi predispuesta a ser un icono pop. Aunque el propio Cervantes se describe con cariño y raramente anuncia la belleza de su mano amputada de un tiro de arcabuz en la batalla de Lepanto:

“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste, digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño, llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria”.  
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“El Quijote”de Dalí