El reloj que orientaa los diriambinos
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Desde hace siete décadas, el reloj de Diriamba, cuya torre fue construida en 1934, representa para sus habitantes un sello, un orgullo y un punto de referencia desde cualquier ángulo de esta ciudad |
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Las carátulas del reloj público de Diriamba son iluminadas por el sol durante el día y por una lámpara durante la noche.
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Lucía Vargas C. CORRESPONSAL/ CARAZO
El reloj público de Diriamba desde hace cuatro años está en manos de Ronald López Areas. Este hombre, de 40 años, trabaja para la comuna en el área de Servicios Municipales y se encarga de revisar la maquinaria de forma rutinaria.
“Cada tres días vengo a darle cuerda”, comenta, pero advierte que cuando hay problemas con los vientos y la humedad de la lluvia debe revisarlo más seguido porque el reloj se detiene.
López debe subir más de cien gradas cada vez para llegar hasta la cúpula donde se encuentran las cuatro carátulas. Ahí ajusta las agujas, si acaso no están precisas. En el segundo piso se ubica la máquina, lugar donde más tiempo permanece porque debe poner aceite a todo el engranaje que permite el funcionamiento del reloj.
Dos cables de acero se encargan de hacer sonar las campanas y una enorme lámpara que cuelga de otros cables ilumina las carátulas para que en la noche los ciudadanos puedan apreciar la hora desde cualquier distancia.
ES EL SEGUNDO ICONO DE LA CIUDAD
Fernando Baltodano, Alcalde de Diriamba, dijo que el reloj es el segundo icono de la ciudad, después de la Basílica Menor de San Sebastián. Para el edil esta torre se asocia al fuerte comercio que hubo entre Nicaragua y Europa en la época de oro del café.
Para el maestro Ronald Abud, el reloj además de ser un sello que identifica a los diriambinos es una referencia en la cultura, en la música y en las direcciones locales. No existe en Diriamba una dirección que no tome como punto de referencia este reloj.
“Por ejemplo, del reloj tres cuadras abajo queda la ferretería más vieja de Diriamba; del reloj cinco cuadras abajo está la Basílica y del reloj una cuadra arriba el pozo de Marcial González”, explica Abud.
SU HISTORIA
Opina que pese a la importancia que tiene este monumento, los diriambinos no le dan el amor que merece. “Los alcaldes deben pensar en comprar esos terrenos que están cerca para hacer una plaza en ese sitio”, dijo Abud, tras agregar que ningún cambio se ha hecho desde hace siete décadas que fue construida la torre.
La historia del reloj registra que su creación fue parte de una iniciativa de los hermanos Alemán Castro, quienes en su afán de perennizar el tiempo incursionaron en la aventura del arte musical para recaudar fondos y concretar la idea.
Sus precursores
Según aportes del ingeniero Moisés Blanco Navarro, estudioso del pasado de Diriamba, el reloj se remonta al año 1904, luego de haberse formado el Comité de Fomento Local con un grupo de ciudadanos altruistas.
Cita que a la cabeza quedó la señora María del Pilar González y como tesorero don Alejandro Alemán, un reconocido comerciante de la época. “Estos señores forjaron la idea de una torre que perennizara el tiempo y estimulara a la población a tener ideas altas”, dice Blanco Navarro.
En Diriamba aún se puede escuchar, de la viva voz del único sobreviviente de los siete hermanos Alemán Castro, interesantes detalles sobre la creación del reloj. Don José Francisco, conocido como Paco Alemán, quien en septiembre cumple cien años de edad, recuerda que fue su hermano Alejandro quien impulsó la idea, y con ayuda de sus seis hermanos crearon las marimbas Diriangén.
Según don Paco, éstas fueron hechas con escalas cromáticas, dos tonos de voces, sordinas y atriles, en las que después de un riguroso estudio del arte musical, al que se sometieron los siete hermanos, ejecutaron obras de Alejandro Vega Matus y José de la Cruz Mena.
BRILLANTE DEBUT
Su debut público fue un brillante concierto en el Teatro González de la ciudad y los fondos colectados fueron destinados para la compra del reloj, el que está compuesto de pesas y cuatro carátulas.
Don Paco señala que el reloj inicial daba las horas y los cuartos con campanas de diferentes tonos que se podían escuchar hasta la colonia San Sebastián. “Fue pedido a Alemania y estuvo guardado por varios años en la bodega de Alejandro, hasta que un alcalde progresista erigió la torre”, comenta el anciano.
Ese alcalde fue Boanerges Bendaña Puerto, quien tuvo su administración en el año 1934 y según los apuntes de Moisés Blanco mandó a construir la torre. Ésta fue encargada a la Compañía de Arquitectos Gautier y Dambach. A criterio de Blanco, estos señores probablemente fueron nicaragüenses porque ellos mismos construyeron el Instituto La Inmaculada.
Una de las citas hechas por don Paco, señala que su hermano Alejandro sin ser relojero se dedicó a manejar el reloj público por muchos años “ad honorem”, una vez instalado. Otra de las cosas que se les atribuye a los siete hermanos es que ellos mismos decidieron el lugar donde se construyó la torre, así como la profundidad de los arranques.
El reloj que por cuestiones de temperatura a veces se descompensa y da la hora con minutos de retraso, sufrió daños severos en la guerra del año 1979. Pero en 1980 cuando fue alcalde Fernando Fernández (q.e.p.d.), éste logró comprar una máquina de origen suizo.
OTROS DATOS
Entre los datos interesantes que registra el reloj de Diriamba está su torre que mide 15.44 metros de altura. Su construcción fue iniciada en noviembre de 1934 y finalizada en enero de 1935.
La estructura tiene más ancha la base que la cúpula. Su costo fue de 6,311.20 córdobas de entonces y fue inaugurada por el presidente Juan Bautista Sacasa.
El Concejo de ese entonces estaba formado por Jorge Báez, Alfredo Alemán y Pedro Zeledón, quienes a su vez también fueron alcaldes.
El doctor Leopoldo Serrano, recordado por haber sido un inminente historiador, fue el síndico de la obra. “Esto reviste de mucha importancia porque en ese tiempo los alcaldes hacían sólo una obra, pero ésta era de muy buena calidad”, reseña Moisés Blanco.

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