Características principales de la lengua rama
Jorge Eduardo Arellano
En proporción a su escasez de habitantes, unos 700 —cuya mayoría vive en la isla Rama Kay, al extremo sur de la bahía de Bluefields—, la etnia de los Rama ha sido escasamente estudiada. Vinculados directamente al tronco Chibcha, su lengua es una de las que hablan los grupos indígenas de Costa Rica, como los Guatusos. En 1914 el etnólogo alemán Walter Lehmann examinó una lista de 61 palabras en ambas lenguas —la rama y la de los Guatusos— concluyendo que eran casi idénticas o mutuamente inteligibles. Y en 1929 Eduard Conzemius les dedicó un amplio estudio etnográfico. Entonces vivían al Sureste de Nicaragua: en la cuenca sur del Gran Lago y en los territorios drenados por los ríos San Juan, Indio, Maíz y Punta Gorda.
Según Carlos Alemán Ocampo, el rama se hablaba en dos pequeñas comunidades —Cane Kreek y Winn Kay— cercanas a la desembocadura del río Punta Gorda, aunque ya los niños habían adoptado el inglés criollo. “Existe también una comunidad muy conocida para el turismo: Rama Kay, la cual cuenta con la protección oficial, convirtiéndose así en el primer grupo que la tiene”. Sus miembros también preferían el inglés criollo (enseñado, hasta hoy, en el programa educativo) y algunos el español. En 1969 una encuesta de población en Rama Kay dio un total de 387 habitantes (Nietschmann, 1971: 7). En realidad, el rama es una lengua en vías de extinción, si no es que —a estas alturas— ha desaparecido.
Cuando Lehmann visitó Rama Kay en 1909 ya auguraba ese destino fatal, “pues todos los Rama —constató— hablan inglés o español”. Trasladándose a la pequeña isla en una lancha de vela, anotó la lengua durante ocho días, logrando confirmar sus observaciones a través de una descripción de los Ramas de Punta Gorda que, por coincidencia, habían llegado a Rama Kay. La lengua rama —escribió— es muy particular en cuanto a su estructura y su fonética. Y está relacionada —puntualizó— con las de los Guatusos de Río Frío y con las de los Talamancas de Costa Rica, entre las cuales Lehmann había tenido la oportunidad de estudiar dos: el Bribí y el Chiripó.
En su trabajo Una comparación entre los idiomas misquito, sumo y rama (1982: 51-58), Gregorio Smutko —etnólogo y misionero capuchino— demostró que las relaciones en la dos primeras lenguas eran más estrechas entre ellas que con el rama. Smutko se basó en nueve informantes: un miskito (Leopoldo Peralta), cuatro sumos (Carlos Palmerston Alonso, Rigoberto Henry Simon, Dolores Green y Ernesto Almendares Robinson) y tres ramas (Walter Ortiz, Cleveland McGray y Daniel Ruiz). Su lista ofreció dos préstamos del miskito al rama: sula (“venado”) y quipu (“corazón”, en mísquito kupia). Posteriormente, de acuerdo con el Diccionario Elemental Rama (1987), estos préstamos del miskito incluyeron nombres de animales: butku (“paloma”), siita (“ostión”), palma (“manatí”), raukrank (“corvina”), como también palabras corrientes: taara (“grande”) y aingwa (“verdadero”, “real”). Asimismo, dicha gramática —la única publicada hasta ahora, a partir de ocho hablantes que no mostraron grandes diferencias en la pronunciación— reveló dos préstamos del español: bula (“bulla”) y loverko (“puerco”) y otros dos del inglés: tawn (“town”) y painis (“spanish”).
En el mismo texto se lee que para 1988 más de la mitad de los 31 hablantes nativos, o casi nativos, tenían menos de 44 años de edad. “Esto significa —deducían sus autores— que el idioma no está tan cerca de extinguirse como podría temerse, pero el hecho de que no está siendo enseñado a los niños significa que está realmente en peligro de desaparecer como una lengua viva transmitida de generación en generación en hogares ramas” (Diccionario, 1987: VI).
Excepto algunos sonidos, no es difícil escribir la lengua rama en el alfabeto español, ya que posee sus mismas vocales. Éstas pueden ser largas /aa/, /ee/, /ii/, /oo/, /uu/ (/e/, /ee/ y /o/ no son sonidos ramas originales y se localizan sólo en algunas palabras tonadas de otros idiomas). En cuanto a sus consonantes, son diecisiete: /b/, /d/, /g/, /h/, /kw/. /l/, /m/, /n/, /ng/, /ngw/, /p/, /r/, /s/, /t/, /w/, /y/. Las consonantes que vale la pena señalar, por su pronunciación o por su sonido, son /h/, que representa un sonido inspirado semejante a la /h/ del inglés, pero diferente a la /h/ muda del español; /k/, que representa el sonido escrito “c” o “qu” en español y “c” o “k”; /kw/, sonido raro que combina la pronunciación de un “k” con el redondamiento de los labios propio de la “w”, /ng/, que es el sonido escrito “n” en español; y /ngw/, que combina la pronunciación de una /ng/ con el redondamiento de los mismos labios.
En el rama moderno, hay algunos casos de “ch”, pero no es un sonido rama original y se encuentra únicamente en palabras prestadas, como moch (“much” del inglés) y chicha (“chicha” del español de América, pero originalmente prestado del Cuna de Panamá). Existen también algunos casos de reduplicación: uling-uling (“mono gritón”), mukmuk (“buho”), o a veces sólo se duplica la sílaba inicial de la palabra: ngar-ngarrigna (“verde”) y nuk-nulnga (“amarillo”).
El estudio más completo sobre los indios Rama es el de los esposos Bernard y Judy Nietschmann (1978: 31-41). Ahí se reconoce el pionero y detallado estudio de Conzemius y se aprovechan muchas referencias. La más curiosa corresponde a que la primera novela de los Estados Unidos, escrita por William Williams —entre 1745 y 1775— se derivó de la experiencia del autor durante su naufragio que lo obligara a permanecer entre los Rama en la costa sur del Caribe nicaragüense: Mr. Penrose /The Journal of Penrose, Seaman, editada en 1969 por D. H. En Fickasason, Indiana University Press. Otro dato interesante aportado por los Nietschmann es el tomado de Müeller (1932: 76): que los indígenas de Rama Kay fueron grandemente afectados por su cercanía a Bluefields a inicios de 1857. Los misioneros moravos llevaron a cabo su labor en inglés —dado que los Rama, a causa de sus visitas a Bluefields, comprendían algo de ese idioma— y porque “el número de indígenas Rama era tan pequeño que parecía que apenas valía la pena introducir el estudio de una nueva lengua en el trabajo (de la Iglesia)”.
De esta manera, en poco tiempo se habló inglés extensamente, lo que condujo a varios observadores a sostener —a finales de la década de 1860—, que “sin duda alguna la próxima generación no hablará otra cosa, ya que su propia lengua está muriendo rápidamente por falta de uso” (Pim y Seemann, 1868: 280). Entre 1968 y 1969 los Nietschmann comprobaron que no había en Rama Kay más de cinco o seis individuos que hablasen algo de rama.
Con el apoyo de la hablante nativa Nora Rigby, la estadounidense Robin Schneider realizaba entonces una investigación sobre la lengua que, lamentablemente, no condujo a resultados satisfactorios, debido a su inexperiencia en esta área especializada. Y fue hasta 1884 que la lingüista Colette Craig, de la Universidad de Oregon en Eugene —asociada al Centro de Investigación y Documentación de la Costa Atlántica (CIDCA)—, realizó un profundo estudio de la lengua. Una vez más, la colaboración de Nora Rigby fue esencial. Tratándose de una lengua moribunda, el trabajo se orientó en gran parte a documentar su gramática y su léxico. De ahí la publicación del Diccionario Elemental Rama (1987) y de un Calendario (1988). El equipo responsable de ambos productos, anticipos de un diccionario enciclopédico del idioma, lo encabeza Nora Rigby, auxiliada por Craig y Cristina Benjamín, quien brindó a Craig un testimonio en rama sobre el paso del huracán “Joan” por Cane Kreek, siendo uno de los primeros textos literarios de dicha lengua (1992: 28-31). Todos ellos concienciaron a la comunidad de Rama Kay, lograron modificar la actitud de la isla: ya no existe desdén hacia su lengua ancestral, sino respeto. Incluso, otro hablante de rama se unió a Nora en 1990 en la escuela de la comunidad para contribuir a revitalizar la lengua.
En conclusión, hasta principios de los años ochenta, debido a su marginalidad socioeconómica, los reducidos hablantes del rama no demostraron interés alguno en conservar su lengua. Fue la excepción Nora Rigby —ya fallecida—, cuyo ejemplo debe continuarse para impedir el retorno a la negativa actitud de este grupo étnico —por lo demás explicable y comprensiva—, que secularmente no había experimentado orgullo identitario del más notorio vestigio de su pasado cultural.
El autor es Director de la Academia de la Lengua.

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