Señas para mejorar la siembra
Mario José Moncada
Más de 200 mil productores a nivel nacional se aprestan a sembrar la tierra con miles de quintales de maíz, frijol, arroz, ajonjolí y otros granos, que servirán de semilla para obtener millones de quintales que sustentarán el consumo nacional y las exportaciones agrícolas, las cuales el año pasado generaron el 40 por ciento de los 755.6 millones de dólares obtenidos por las ventas al exterior.
Pero para lograr una buena germinación de la semilla es conveniente tomar algunos consejos prácticos que le podrían ayudar al productor a obtener una cosecha saludable, pues una buena producción no sólo depende de la calidad de la semilla, o del crédito que se logre conseguir para financiar la compra de los insumos, sino también de condiciones climáticas y del manejo agronómico del cultivo.
Ramón Rivera, coordinador de seguimiento al ciclo agrícola de la Dirección de Ordenamiento a la Producción del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) es claro en afirmar en principio que el inicio de las lluvias es un elemento “muy importante” para determinar la mejor época para sembrar, e incluso para empezar a preparar la tierra.
El Magfor, en coordinación con los científicos del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), han hecho algunas proyecciones sobre el posible inicio del período lluvioso, tomando en cuenta los años análogos de 1981, 1988, 1994, 2003 y 2004.
“A partir de estos años análogos hemos hecho simulaciones de balance hídrico para ver cómo se desenvolvieron los cultivos bajo estos escenarios y a partir de ahí dar algunas fechas con rangos de siembra”, explicó.
En ese sentido, Rivera aconseja que en aquellos municipios ubicados en las regiones secas es recomendable iniciar la siembra después del 20 de mayo, ya que para esta fecha las lluvias empezarían a caer de manera constante en estas zonas.
Las regiones secas, aclaró, son aquéllas donde las precipitaciones anuales acumuladas son menores a los 800 milímetros. Aquí se incluyen, por lo tanto, a municipios de los departamentos de Estelí, Madriz, Nueva Segovia, Chinandega, León, algunos de Managua, e incluso algunos de Matagalpa, Boaco y Chontales.
Luis Valerio, de la dirección de Ordenamiento a la Producción, explicó que en las regiones secas sobresalen los pequeños productores dueños de pequeñas parcelas, de entre una a tres manzanas que siembran para el autoconsumo principalmente.
Pero la siembra bien podría empezar desde esta semana en las regiones húmedas, donde los acumulados lluviosos superan los 1,200 y 1,600 milímetros anuales, como ocurre en las grandes zonas productoras de Matagalpa, Jinotega y Nueva Segovia, por ejemplo.
“Sin embargo, el productor tiene que esperar que se establezcan las lluvias de manera constante, que el suelo agarre una buena humedad de campo”, insistió Rivera, quien esta semana se encuentra en una gira de campo visitando varios municipios para evaluar el inicio del período de siembra.
LA HUMEDAD, EL SUELO Y EL FERTILIZANTE
Por lo tanto, sostiene que “hay que tener cuidado con la entrada falsa de las lluvias, porque pueden haber algunas lluvias iniciales que son las precursoras del invierno y que horas después de caer, el suelo queda seco aún”.
Para saber que el suelo ha “agarrado” una buena humedad, Rivera da algunas señas que podrían ayudar a identificar tal situación.
“Con las primeras lluvias si uno va al campo y hace algunas ligeras pisadas, el lodo se le pega a uno en los zapatos, y si vemos que donde pusimos el zapato el suelo está seco, entonces el suelo no está preparado, no tiene la humedad suficiente”, ejemplificó.
También es necesario hacer una buen roturación previa del terreno, sea a través de equipos mecanizados o del tradicional arado con bueyes, ya que es muy común que los productores “corran” a preparar la tierra hasta cuando inician las lluvias.
Lo mejor es hacer la remoción de la tierra poco antes de las primeras lluvias, y luego de que éstas se establezcan hacer una última pasada del arado, lo que sería una mejor decisión.
Esta práctica permite al suelo tener una mejor aireación, arrancar las malezas del terreno y exponer sus raíces al sol para que se sequen, con lo cual se evita una competencia entre la maleza y la planta recién germinada.
Otra recomendación a tomar en cuenta en la medida de lo posible, sobre todo cuando se utilizan semillas híbridas, es aplicar fertilizante al terreno previo a hacer la siembra.
Rivera aconsejó hacer uso de los llamados fertilizantes completos como la urea, la cual puede ser esparcida en el fondo de los surcos, para después dejar caer las semillas. “Esto es básico para lograr una buena germinación de la semilla y obtener una buena producción”, sostuvo.
GASTO DE ENERGÍA
El cuido de la salud de los propios obreros agrícolas y de los animales utilizados para arar la tierra también es de vital importancia.
“Aunque con una capacidad energética muy limitada, los seres humanos y los animales constituyen un recurso energético significativo debido a su enorme número”, refiere Guillermo Bendaña, en su libro Energía para un desarrollo rural sostenible.
Comparó que un ser humano que camina en un campo arado a una velocidad de 5.3 kilómetros por hora, su gasto energético es de 7.6 kilocalorías por minuto, y si camina en un surco en un campo sembrado a 5.4 kilómetros por hora, su gasto energético es de 6.9 kilocalorías por minuto.
En otro orden, indica que pese a la mecanización de las labores agrícolas “para las operaciones ordinarias en explotaciones pequeñas, en las que bastan un par de animales de tiro ligero para cubrir las necesidades, la tracción animal seguirá siendo un aporte valioso y muy económico”.
“Por ejemplo —añade— el mantenimiento de una yunta de bueyes no es excesivamente caro, mas si se considera que son una fuente constante de estiércol (abono) y que al final de su vida útil se pueden vender para el mercado de la carne”.
Indica que un buey puede usarse para laborar diariamente entre 6 y 8 horas, y si se trata de caballos y mulas el período supera las 8 horas.
Pero aclara que “todo este rendimiento en los animales de tiro está fuertemente influido por el adiestramiento a que fueron sometidos y la calidad de los arneses o aparejos que se utilicen”.
EN AUMENTO
Según las cifras del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) la participación de las exportaciones agrícolas en las exportaciones totales nacionales pasaron del 30 al 40 por ciento entre el 2003 y el 2004. Es así que los productos agrícolas como el café, azúcar, maní, frijol, mango, quiquisque, ajonjolí, ente otros, generaron el año pasado 265 millones de dólares.

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