MIéRCOLES 11 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23806 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE



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Opinión económica
Cumplir con el agro

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Noel A. González Valdivia

Nicaragua se enorgullece de ser una nación eminentemente agropecuaria, aún cuando en los últimos años el agro pinolero ha estado abandonado o marginado de la aplicación concreta de lo establecido en las políticas de desarrollo y el Plan Nacional de Desarrollo no es más que otro montón de papel mojado.

A pesar de ese olvido, todos los 15 de mayo, fecha en la cual antaño se marcaba el final de la estación seca y el renacer de la vida, con el inicio de las lluvias, los campesinos y los ingenieros agrónomos no podemos evitar emocionarnos. Es algo intrínseco a nuestra vida y vocación es nuestra fecha de celebración.

Todo profesional agropecuario, que se precie de lo que es, debe en estos momentos en que el país sufre de postración productiva, convertirse en un motor de impulso hacia el desarrollo rural y nacional en general. Ese es nuestro rol y nuestra función social. Debemos ser sujetos de cambio de realidades y no meros observadores pasivos e impasibles. Si hemos cumplido con todo lo anterior entonces podremos celebrar satisfechos y con espíritu enaltecido.

Muchas veces descargamos la responsabilidad de lo mal que está nuestra Nicaragua en el Gobierno u otros agentes, pero pocas veces nos vemos como parte de la solución, con lo cual pertenecemos al problema. No actuamos con la mística y compromiso que se espera de los Ingeniosos Solucionadores de Problemas del Agro, sino como críticos imparables de todo. Recordemos qué es lo que se celebra en mayo, el renacimiento, la anual oportunidad de hacer todo de nuevo tratando de que cada vez sea mejor.

No abandonemos al campesino, porque al hacerlo nos negamos a nosotros mismos. Esforcémonos por aportar ideas nuevas o recuperar prácticas que sí funcionan. No sigamos siendo ajenos a la falta de oportunidades del productor que equivale a que aceptemos nuestra propia falta de oportunidades. Pero no esperemos que éstas sean creadas por otros para nosotros, seamos los dueños de nuestra iniciativa, volvamos al principio, al origen de nuestra decisión de ser profesionales del agro y que se resume en el deseo que una vez tuvimos de vivir en el mejor de los países, donde no haya hambre, ni pobreza.

Nuestro prestigio se forjará fundamentado en las acciones que emprendamos y su impacto en el nivel de vida de las grandes mayorías de nicaragüenses, que a su vez dependen del éxito productivo de los y las campesinas, finqueros y trabajadores de campo, base de la economía nacional.

Así que en el Día de los Agrónomos celebremos con orgullo, pero sin olvidar el compromiso que ante el altar de la Patria todo Ingeniero Agrónomo sella, el de trabajar para la gente y el progreso de la Nicaragua de hoy y del futuro. Cumplamos esa promesa.

El autor es Ingeniero Agrónomo.
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