Narcos inventan nuevos métodos cada vez más ingeniosos
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Inventiva del crimen organizado parece no conocer límites |
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Un Policía Antinarcóticos muestra cocaína entre cartones de una caja que portaba una “webcam”, en el muelle internacional del Aeropuerto El Dorado, en Bogotá.
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AFP
BOGOTÁ.- En un óleo de La Santa Cena, una partitura, una botella de buen vino tinto y hasta en una prótesis dental, los traficantes colombianos usan modalidades cada vez más ingeniosas para enviar la droga a Estados Unidos y Europa.
“La imaginación es impresionante. La idea es nunca dejar de pensar que la droga puede ir en cualquier cosa, en lo que uno menos crea. Tenemos que tener mucha malicia”, dice a la AFP un agente de Policía en el Aeropuerto El Dorado, de Bogotá.
El policía, que prefirió el anonimato, cuenta cómo los agentes deben ingeniárselas cada día en los aeropuertos internacionales de Colombia para tratar de adivinar la nueva modalidad que están empleando los traficantes de droga.
“Pero vamos siempre atrás. Ya les combatimos mucho lo de los dulces, ellos ya lo saben. Ahora están usando la droga “encauchetada”, la que va adherida al caucho de las maletas. La única forma de detectarla es haciendo la prueba de narcotex”, explica.
Para detectar la droga, los policías reciben cursos especializados donde aprenden a inspeccionar documentos, entrevistar, evaluar el comportamiento de las personas, detectar narcóticos y manejar pruebas de narcotex, un químico que se aplica a una sustancia que cuando es cocaína da un azul intenso.
“A la gente se le hace raro que yo coja la ropa, la toque y la huela, pero es que la impregnan, como una loción, la ropa sabe y huele a droga. Cuando esa ropa llega a su destino le hacen un lavado con un químico y lo que escurren eso lo vuelven droga”, explica el policía.
Y es que la “encaletan” (esconden) en biblias, zapatos de goma, botones, maletas de doble fondo, aparatos eléctricos, ropa, candelabros, lámparas, osos de peluche, cremas, bolígrafos, el CD de moda, el lomo de un libro, cinturones, calzones, cristos redentores y vírgenes sufridas, añade el agente.
En su labor se ayudan de perros amaestrados, pero la buena dosis de malicia que los policías deben tener los lleva a realizar una revisión más exhaustiva a “algunas personas que reúnen ciertos perfiles. A esos les pedimos que acepten hacerse una radiografía”, asegura.
Yuri, una joven de 19 años oriunda de Cali —suroeste— y que está recluida en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, fue una de ellas. Desempleada, aceptó llevar en su estómago 60 cápsulas de cocaína y cayó, según ella “sapeada” —denunciada— en el aeropuerto de Bogotá.
“Me habían asegurado que no se iba a ver. Cuando salí de la maquinita me quedé petrificada al mirar la radiografía en el computador. Dios mío parecía una Camándula (un Rosario). Los policías se felicitaban, parecía que habían ganado el baloto (lotería)”, contó Yuri a la AFP.
Armado con su “chucito” —cuchillo pequeño—, el agente prosigue en el aeropuerto su labor de punzar todo tipo de objetos, mientras dice a la AFP: “Uno nunca se va a cansar de buscar, y ellos nunca se van a cansar de inventar”.

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