El derecho a la investigación
Rauol Shade
En un artículo que fue publicado el 7 de mayo corriente en un diario local, se condena a un periodista y dos y fotógrafos de LA PRENSA por penetrar en un domicilio ajeno “sin las formalidades prescritas por las leyes”. El lugar en cuestión es el templo de la secta religiosa Pare de Sufrir, cuyos método de recoger fondos han sido cuestionados desde hace mucho tiempo.
Este caso me recuerda que yo, durante tres años, también violé las leyes nacionales de El Salvador (1984-86) al penetrar sin permiso del Ejército en las zonas conflictivas del país en donde se violaban de manera sistemática y masiva los derechos humanos de los campesinos.
Sin embargo, existía y, todavía existe, una ley internacional que establece el derecho del periodista de investigar crímenes de guerra y de lesa humanidad. En otras palabras, la ley internacional está por encima de la ley nacional de cualquier país del mundo.
Según la lógica pragmática del autor del artículo que mencioné antes, no deberían hacerse operaciones clandestinas para quebrar al narcotráfico o actividades relacionadas a la trata de personas, o la prostitución infantil incluso, porque es ilegal entrar a un domicilio sin permiso. Tengo entendido que la esposa de ese periodista indignado con el trabajo de los periodistas de LA PRENSA en Pare de Sufrir se infiltró en la Zona Franca para investigar los supuestos abusos en contra las trabajadoras. Pero él ahora critica a los periodista de LA PRENSA.
El año pasado, aproximadamente 35 periodistas, fotógrafos y camarógrafos fueron asesinados o murieron en la línea de fuego por no haber sido invitados por las partes interesadas.
He sido encarcelado dos veces, por un total de ocho días, en una ocasión hice huelga de hambre porque me mantuvieron incomunicado. Fui torturado psicológicamente y cuando me liberaron, gracias a las gestiones oportunas de la Embajada Británica y la Cruz Roja Internacional, la Inteligencia Militar me comunicó que ya no iban a renovar mi visa de estadía.
Entonces la conciencia internacional intervino y todos los periodistas de los medios más importantes (New York Times, Washington Post, Newsweek, Time, Reuters, AP, AFP, etc.) fueron al estado mayor militar de San Salvador a protestar, hasta que me renovaron la visa.
Yo violé las leyes de ese país, pero la ley internacional me apoyaba, así como apoya a todos aquellos corresponsales de guerra que se arriesgaron a investigar la situación de la población civil en zonas restringidas por el Ejército Nacional de El Salvador.
¿A qué ley pragmática se refiere el autor del artículo que mencioné arriba? ¿A ese granito estéril que le niega la paz a los muertos debido a la impunidad y le niega la justicia a los vivos que están siendo explotados por empresas religiosas sin escrúpulos?
Que la profesión del periodista investigativo siempre evoque la justicia y no la cobardía del “buen ciudadano” que nunca viola la ley. Yo violé la ley nacional porque ellos violaron la ley internacional.
El autor es periodista.

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