SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA
MARTES 1 DE NOVIEMBRE DE 2005



 
Familia
Mamá, no puedo dormir

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.El preámbulo a la etapa del sueño es vital para evitar el insomnio

 

Dra. María Mercedes Somarriba
Pediatra general - Infectóloga

El insomnio es el trastorno de sueño infantil más frecuente y puede afectar a lactantes de seis meses hasta niños de cinco años.

Los padres explican que el niño “nunca” ha dormido bien y que desde el primer día los despertares nocturnos han sido muy frecuentes.

Cuando esto sucede, los padres utilizan diferentes técnicas para dormirlos, por consejos de todo el mundo (tíos, abuelos, amigos) tales como darles agua, leche, mecerlos, cantarles, darles la mano, dejarse acariciar el cabello o las orejas, acostarlos más tarde o jugar para cansarlos.

Nada de lo anterior suele ser suficiente y a pesar de que el niño se queda dormido, después de algunos minutos se despierta.

Durante el primer año de vida el niño aprende varios hábitos. Comer bien es un hábito y dormir bien es otro hábito. Un niño a partir de los seis o siete meses debe iniciar el sueño solo, sin llanto, y debe tener una duración de al menos once o doce horas seguidas.

A un niño malacostumbrado es muy difícil cambiarle los hábitos a partir del año de edad. Así como el niño asocia su alimentación con cosas como cuchara, plato, sillita, la madre ha ido enseñando a comer, es igual para aprender el hábito de dormir.

El bebé debe asociar el sueño con su cama, su muñeco, su almohadita, y los demás elementos de su habitación. La actitud de los padres es fundamental porque son los que comunican seguridad al niño o niña.



INICIO DE BUENOS HÁBITOS

Para iniciar los hábitos del sueño es básico crear un ritual alrededor de la acción de acostarse. Primero, hay que establecer un horario para acostarlo por la noche. Las 7:00 p.m u 8:00 p.m, pueden ser buenas horas.

Como parte de la rutina, los minutos anteriores (de cinco a diez minutos) a irse a la cuna o la cama, deben ser momentos agradables, llenos de seguridad y amor.

Les contaremos un cuento, les cantaremos o programaremos una actividad para el día siguiente (niños más grandes). Los niños se relajan con el baño antes de dormirse y por eso es aconsejable.

Esta introducción al sueño debe ser realizada fuera del dormitorio y el niño debe saber el tiempo que le va quedando para ir a la cama a dormir. Es correcto decirle: “en cinco minutos ya estarás durmiendo en tu cama” y lo debe saber desde los seis meses de vida. Posteriormente, lo dejaremos en su habitación, en la cuna o cama y nos despediremos de él o de ella.

Es básico que el niño esté despierto cuando mamá o papá se salga de la habitación. Hay que recordar que el niño aprende a dormir con aquello que los adultos le dan y que en sus despertares fisiológicos (normales) durante la noche, reclamará las circunstancias que él haya asociado con su sueño. Si el niño se duerme solo, volverá a dormirse solo cuando se despierte, pero si se ha dormido en brazos, reclamará los brazos.

Es importante que los padres no se angustien, al día siguiente vuelvan a intentarlo de la misma forma. Esta actitud de seguridad va dando confianza al niño.

El pediatra siempre debe descartar enfermedades que alteren el sueño como reflujo, intolerancia a la leche, infecciones respiratorias, otitis media u otros.

Clínica Sanángel

Teléfono: 277-3556  
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