MARTES 1 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23980 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE



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Atrapados en Babel

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Franklin Bordas Lowery
eye@cablenet.com.ni

La confusión del lenguaje es un efecto de la soberbia del hombre. Cuando los intereses personales están por encima de la razón, se trastoca la habilidad natural de comunicación entre los humanos. Entonces presenciamos mensajeros nebulosos, turbios, inaccesibles e indescifrables.

En Nicaragua parecen surgir modernos ingenieros del lenguaje. El lenguaje de Babel, donde nadie a ciencia cierta entiende lo que otros dicen. Grupos configurados, de manera que lo que expresan, sólo entre ellos es inteligible y discernible, pero fuera del círculo hay un muro, no hay descodificación de sus mensajes. La entelequia de cada grupo hace imposible el consenso.

El relato de la Torre de Babel en el libro del Génesis nos muestra que las torres del poder terminan siempre derrumbándose. La lucha por dominar a los demás acaba siempre con la misma lección: un proyecto derribado e impotente. Fue en Mesopotamia donde floreció la civilización de los sumerios, según estudios, una de las más antiguas del mundo, con excelentes constructores que desarrollaron ciudades muy avanzadas como Ur, Uruk, Lagash y Babilonia, ésta última, escenario del relato, y de la cual se deriva el nombre de la torre. En hebreo Babel significa “confusión”.

El relato de la Torre de Babel explica que los hombres se juntaron y se enfrascaron en un proyecto de escalar el cielo, a través de la construcción de una torre espectacular, de dimensiones hasta hoy desconocidas. “Y dijeron, vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo...”, por esto fueron condenados a no entenderse nunca, fracasando en su intento de crear un imperio universal, de escalar el mismo cielo y de ocupar el lugar de Dios. De esta censura proviene el lenguaje babeliano, es decir una comunicación muerta.

En Nicaragua la comunicación entre los poderes del Estado parece ser babeliana. Todo esfuerzo por el entendimiento entre las partes resulta infructuoso; cimientos de una torre como la de Babel, aparentemente se han ido colocando de forma empecinada y sutil para elevar hombres, pero como proyecto perverso, termina siempre abortado.

Hoy día los hombres continúan juntándose como 4,500 años atrás, para calcular y planificar proyectos para su propia gloria. Sin embargo, sus torres, erigidas sobre el orgullo y las ansias del efímero poder humano, no prosperan, son condenadas al derrumbe.

El lenguaje babeliano es un lenguaje de confusión. Un lenguaje degenerativo y anarquizante, que más que comunicar provoca desconcierto, ¿por qué? Porque se construye sobre la verdad personal, la egolatría, la búsqueda de vanagloria, y la soberbia en la que está atrapado el sujeto, cuya característica es un lenguaje manipulante y primitivo, cargado de violencia y humanismo.

La Biblia nos enseña que “gobernar el cielo” es competencia de Dios, pero el hombre afanado en su soberbia, busca un cielo donde él pueda establecer su propio gobierno, que al final se desploma sobre sí mismo.

El lenguaje utilizado por los actores más relevantes de la política del país termina en balbuceos, rictus, ademanes, poses y la palabra se extingue, adoleciendo de abiertas verdades para la ciudadanía. El nicaragüense necesita un lenguaje claro, que pueda interpretar, que le dé vida a las palabras, y que responda a sus interrogantes y necesidades más sentidas. Pero esto no puede lograrse si lo que se dice, es lo que no se piensa, ni lo que se quiere.

Los hombres se extravían en su afán de querer ser como dioses y la historia lo comprueba. Parece comenzar una descomposición interior, hasta finalmente enloquecer, llamando a lo bueno malo y a lo malo bueno. Narran las sagradas escrituras, que el arrogante Nabucodonosor, rey de Babilonia, una noche caminando por la terraza del palacio, proclamó su gloria personal al contemplar la belleza de la antigua ciudad, y vino la locura sobre él, hasta comer hierba y vivir entre los animales del campo, durante siete años. Entonces ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?

Para que haya entendimiento nacional y cese esa comunicación babeliana que tiene paralizada a Nicaragua, debemos ser —Hombres sin doblez de corazón—, como reconoció a Bartolomé (Natanael), nuestro Señor Jesús.

El autor es escritor.
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