SáBADO 5 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23984 / ACTUALIZADA 01:30 am





EL HUMOR DE



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Blanco y Negro
Violencia que todavía no llega

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Eduardo Enríquez

La violencia de las maras está todos los días en los periódicos de Guatemala, Honduras y El Salvador. En el primer país los mareros se han aliado con los narcotraficantes y eso tiene a la Policía preocupada, pues no sabe cómo enfrentar esa violencia callejera financiada con los recursos casi ilimitados del narcotráfico.

En Honduras ya la Policía no es suficiente y se ha tenido que recurrir al Ejército para tratar —aún sin mucho éxito— de controlar a las maras catrachas.

Y en El Salvador se cometen entre 10 y 12 homicidios al día. En 10 meses ya se han cometido 3,000 homicidios en ese país, superando el total del año pasado, de 2,756.

El problema es tan grande que el diario La Prensa Gráfica ha desarrollado un manual para la cobertura de la violencia, con la esperanza de no fomentarla, sino contribuir a que amaine.

Estos problemas deben ser una campanada de alerta para Nicaragua, un país donde todavía y subrayo, “todavía” no llega la violencia social o callejera a esos niveles.

En el 2004 en Nicaragua se cometieron menos de dos homicidios y asesinatos por día, según el Ministerio de Gobernación.

El porqué en Nicaragua, con toda su pobreza y toda la capacidad bélica que dejaron los años 80, la violencia callejera es mucho menor que en los países del norte del istmo, es digno de un estudio sociológico, sin embargo, la verdad es que las razones de la descomposición se están fortaleciendo.

En 15 años de “democracia” los gobiernos han sido incapaces de redistribuir la poca riqueza creada; el narcotráfico se ha apoderado de las regiones deshabitadas de la Costa Caribe y está entrando a las zonas urbanas, y las posibles válvulas de escape del país, la migración hacia Estados Unidos y Costa Rica, se están cerrando.

No podemos esperar llegar a niveles de El Salvador, para reaccionar.

La pregunta está en qué hacer. Los fondos de que dispone el Gobierno para enfrentar este problema son escasos.

La Policía recibirá en el 2006, según el Presupuesto, 735 millones 717 mil córdobas. Son 116 millones más que este año, pero aún así sólo podrá comprar la mitad de las pistolas que proyectaba obtener y no podrá comprar patrullas nuevas.

Pero además, el problema es complejo pues no se puede ver como algo meramente policial. Los planes de “Mano Dura” y “Súper Mano Dura” llevados a cabo en otros países no han servido para controlar a las maras.

La iniciativa del Ejecutivo, a través del Ministerio de Gobernación (Migob), de crear una quinta dirección que coordine los esfuerzos de las entidades gubernamentales y cívicas para la Convivencia y Seguridad Ciudadana, es un paso en la dirección correcta; sin embargo, el decreto no es ninguna garantía.

El gran temor es que la quinta dirección se convierta en otro elefante blanco que absorba dinero, y nada más.

El Migob debe probar lo contrario. Actualmente tiene siete millones de dólares prestados por el BID para un plan piloto en 11 municipios del país. El enfoque debe ser por resultados.

Es mucho lo que está en juego y no se necesitan más estudios y análisis, sino acción.
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