Historia
Una historia poco conocida
En 1858 se firmó el Tratado Cañas-Jerez, donde nuestro país llegó a acuerdos importantes con el de Costa Rica alrededor de la línea fronteriza que ambas naciones comparten. No obstante, a las pocas semanas de la firma de ese tratado, se dio un hecho, hasta hoy día poco divulgado, quizás por sus conexiones confusas, en la cual involucra a un oscuro personaje francés de apellido Belly y al imperio de Napoleón III: “la declaración del 1 de mayo de 1858”. Redactado en Rivas, en él se acusa al Gobierno de Estados Unidos de estar detrás de las acciones de los aventureros filibusteros, al mismo tiempo que hacía un llamado a las potencias europeas (Francia, Inglaterra y Cerdeña) a ayudarlos en la defensa de su soberanía.
Después de la expulsión filibustera a mediados del 1857, Nicaragua salió debilitada de la guerra y esa impresión alentó las pretensiones costarricenses para ejercer presiones de fuerza, con el fin de anexarse los territorios en litigio desde la independencia (Nicoya, Guanacaste y Río San Juan). La noticia del posible regreso de Walker y los peligros que representaba esa amenaza para la independencia de Centroamérica, hicieron que el presidente Mora abandonara su posición bélica y recurriera a la negociación con el gobierno del general Martínez.
En ese ambiente de distensión y paz ambos países alentados por un sentimiento antiestadounidense, firmaron la declaración del 1 de mayo. Pese al malestar causado al Gobierno de Estados Unidos, la retractación posterior de los presidentes, y la distancia tomada por los gobiernos aludidos, esa declaración tuvo sus consecuencias “positivas”: Estados Unidos, acepta el no reconocimiento del Gobierno de Nicaragua del Tratado Cass-Irrisari; los ingleses apresan a Walker y lo entregan a las autoridades hondureñas quienes lo fusilan; Inglaterra suscribe en 1860 el Tratado Zeledón-Wyke, con el cual se pone fin oficialmente al protectorado de la Mosquitia.
Cortesía del IHNCA-UCA

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