Ecos de la Cumbre
Según los reportes periodísticos, la IV Cumbre de las Américas recientemente celebrada en Mar del Plata, Argentina, fue un fracaso en todos los sentidos. Sin embargo, aunque eso fuera cierto, en lo que respecta a Nicaragua tenemos que destacar como positiva la resolución que aprobó dicha Cumbre en respaldo de nuestro proceso democrático, amenazado por los caudillos autoritarios del FSLN y el PLC.
En efecto, los países que participaron en la IV Cumbre de las Américas aprobaron un anexo a la Declaración General en el que se pronunciaron sobre la necesidad de que se respete la separación e independencia de poderes como elementos esenciales de la democracia representativa, en alusión a las reformas constitucionales aprobadas en enero de este año por el FSLN y el PLC con el propósito de convertir a la Asamblea Nacional —que ellos controlan— en el poder hegemónico del Estado.
Otro hecho importante de la IV Cumbre (o en el marco de ella), fue el acuerdo de cooperación energética de México con varios países centroamericanos y República Dominicana, el cual, en el caso de que pudiera ser ejecutado aliviaría a estos últimos la gravosa carga que significa el financiamiento de sus cada vez más costosas importaciones de petróleo.
Decimos lo anterior —“en el caso de que pudiera ser ejecutado”— porque apenas un día después de suscrito el acuerdo de cooperación energética de México con sus vecinos centroamericanos, el candidato presidencial izquierdista mexicano, Andrés López Obrador, quien según las encuestas es el favorito para ganar la elección, se pronunció contra esta decisión del presidente de México, lo cual puede entenderse como que él no cumpliría dicho acuerdo en el caso de ganar las elecciones presidenciales del próximo año.
El presidenciable izquierdista mexicano no fundamentó sus razones para considerar “inviable e injustificable” el acuerdo de cooperación energética de México con Centroamérica y República Dominicana. De manera que demos asumir que lo rechaza sólo por oponerse al presidente Vicente Fox; o tal vez para no perturbar el plan estratégico de Hugo Chávez que está usando el petróleo venezolano como carnada para atraer aliados a su campaña contra Estados Unidos; o se trata de una mezquindad del candidato de la izquierda mexicana, de negarle a las naciones centroamericanas la cooperación energética que necesitan con tanto apremio.
Como sea, el hecho es que con esta actitud del favorito candidato presidencial mexicano, se pone en evidencia una de las grandes debilidades del sistema de relaciones internacionales entre los Estados, en América Latina, específicamente la de que, salvo excepciones, los países latinoamericanos no ofrecen garantía de continuidad para el cumplimiento de los acuerdos y compromisos que asumen los gobiernos en turno. Dicho con otras palabras, cada nuevo gobernante, cuando es de un partido político distinto al que pertenece el anterior, desconoce lo que hizo el otro y comienza de cero las negociaciones acerca de asuntos que ya habían sido resueltos.
Al respecto cabe señalar que el mismo presidente Fox, un día antes de la Cumbre de Mar del Plata declaró a una periodista de CNN en español que si la mayoría de países de la región están de acuerdo con el ALCA, pues debían crearla y no dejarse imponer el veto de una minoría que por razones ideológicas o de cualquier otra clase se opone a ese acuerdo económico multilateral. El presidente Fox tiene razón. Pero, ¿quién garantiza que México mantendría esa misma posición si durante el próximo período fuese gobernado por el izquierdista Andrés López Obrador?
Tal vez López Obrador, por la importancia internacional de su país y la magnitud de la responsabilidad que significa ser Presidente de México, practicaría en el poder una posición de izquierda responsable, como la del brasileño Lula da Silva, quien asegura que “Si permitimos que la pierna izquierda se choque con la derecha, nos caemos. Lo que queremos es dar pasos importantes”; y la del presidente socialista uruguayo Tabaré Vázquez, quien dijo que “El populismo es un peligro porque desgraciadamente los latinoamericanos tienen tendencia a echarle la culpa de todos sus males al imperialismo del momento”.
Pero, ¿y si López Obrador sale como Chávez? La verdad es que de los políticos latinoamericanos se puede y debe esperar cualquier cosa.

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