MARTES 8 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23987 / ACTUALIZADA 2:30 am





EL HUMOR DE



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Hablemos del idioma
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. “Cuando no sabemos el significado de una palabra es mejor que no la usemos aunque nos parezca bonita, impactante o muy de moda”.

 

Inés Izquierdo Miller

En mis años de maestra de español he visto cómo los estudiantes cometen errores grandísimos que en muchas ocasiones se dan por el desconocimiento del vocablo preciso.

Hay una tendencia a utilizar ciertas palabras porque les suenan elegantes o de moda o porque los presentadores de los medios de comunicación llenos de muletillas terminan por imponer sus disparates como normas de uso. Y ahí van todos como autómatas sin voluntad repitiendo hasta la saciedad palabritas como obviamente, definitivamente, consensuar, municipalización, etc.

No quiero decir que estos vocablos sean incorrectos. Existen, están en el diccionario de uso frecuente del idioma, pero tienen su contexto y no debe abusarse de ellos.

Les voy a poner un ejemplo, entrevistan a un político, a un diputado, que son los reyes de los dislates idiomáticos, no sólo en Nicaragua sino en muchos países. La respuesta es ésta en casi todos los casos: “Bueno, obviamente que la posición del partido es...”.

Lo primero que vemos aquí es el adjetivo bueno, que significa algo que está bien, lo contrario de malo. ¿Por qué dicen bueno las personas al inicio? Eso está malo. Algunos creen que es influencia de la muletilla inglesa well, pero en cualquier idioma no es recomendable empezar así. Evitemos a toda costa esta fea costumbre y empecemos con una oración sintácticamente bien estructurada, es decir con sujeto y predicado. En este caso: “La posición del partido es...”.

En el ejemplo anterior teníamos la palabra obviamente, que no es más que un adverbio formado al añadir la terminación mente a obvio que proviene del latín obvius y significa “Que se encuentra o pone delante de los ojos. Muy claro o que no tiene dificultad”.

¿Qué sentido tiene comenzar una respuesta con la palabra obviamente? Ninguno. Seamos precisos, concretos, exactos y nuestras intervenciones serán más atractivas y escuchadas, que es el fin de la comunicación. Cuando usamos palabras sin saber su significado cometemos un error llamado verbalismo. A veces en los exámenes vemos respuestas que compiten con cualquier chiste del repertorio humorístico. Un amigo me mandó una vez una colección de este tipo. Hoy los dejo con estos ejemplos que según afirman son de la vida real. La imaginación puede suplir el desconocimiento o en muchos casos la mala formulación de la pregunta hecha por el docente.

¿Conoces algún vegetal sin flores? Conozco.

¿Qué es un polígono? Un hombre con muchas mujeres. (Por aquello de la poligamia).

Diga un derivado de la leche: El arroz con leche.

Diga una palabra derivada de luz: Bombilla.
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