MIéRCOLES 16 DE NOVIEMBRE DEL 2005 / EDICION No. 23995 / ACTUALIZADA 02:00 am





EL HUMOR DE



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Desprecio por la vida y la dignidad humana

Las imágenes que fueron transmitidas por televisión hablaron con insuperable elocuencia. Policías armados contemplaban cómo dos perros furiosos destrozaban a un ser humano, específicamente a una persona nicaragüense, y no hicieron nada efectivo para ayudarlo.

Supuestamente se trataba de un ladrón que había violado la propiedad privada; que tenía antecedentes penales y residía ilegalmente en Costa Rica. Pero lo más importante es que era un ser humano atacado por dos animales furiosos que se encontraba en una evidente situación de indefensión.

¿Qué dicta la conciencia que se debe hacer en tales casos? ¿Cómo habrían actuado los policías ticos si se hubiera tratado de un hermano, de un padre o de cualquier otro pariente? Por otro lado, ¿dónde queda la sensibilidad humana que produce la educación y la cultura que supuestamente es característica de los costarricenses?

Los informes periodísticos indican que los perros le dieron más de doscientas mordidas, durante al menos cuarenta y cinco minutos de ataque, al extinto Natividad Canda. Según una de las versiones de prensa, el dueño de los perros solicitó a los policías que no los matara, y los agentes de la autoridad obedecieron. De ser cierto esto, significa que los policías decidieron proteger la vida de dos animales en vez de la vida del ser humano.

Otra versión reza que los policías no dispararon por miedo de matar a Natividad Canda, pero esto no puede ser cierto porque en las imágenes de televisión se vio claramente que los perros iban y venían, que atacaban y se alejaban, y en uno de esos momentos en que se apartaban del cuerpo de su víctima, era posible dispararles certeramente. Por su parte un abogado penalista declaró que la muerte del nicaragüense es jurídicamente justificable porque se trata de legítima defensa. Pero esto es absurdo. Natividad Canda ya estaba incapacitado para hacer daño. Sólo había que capturarlo. En todo caso, de victimario se había convertido en víctima. De manera que ¿defensa de qué? Canda ni siquiera tenía un arma para defenderse de los perros.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice en su artículo 2, inciso 2 que “...no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona...” Y el artículo 5 establece que: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. La falta de actuación adecuada de los policías ticos ante la necesidad de auxilio que tenía el ser humano atrapado entre las mandíbulas de los perros rottwailer, podría ser considerada como una forma de tortura que violó los derechos humanos de este infortunado nicaragüense. Además, el asunto se vuelve más grave y más sospechoso por el hecho de que se trata de un nicaragüense en un país donde la mayoría de los inmigrantes de esta nacionalidad son menospreciados, según lo pudo comprobar LA PRENSA mediante un reportaje especial de los periodistas José Adán Silva y Germán Miranda, que se publicó el año pasado.

En todo caso, las autoridades costarricenses tienen la obligación de aclarar las circunstancias en que murió Natividad Canda, deslindar las responsabilidades pertinentes y castigar a quienes por negligencia u omisión pudieron haber contribuido a la muerte atroz del infortunado emigrante nicaragüense.

“La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”, dice el Pacto de San José, como se le llama a la Convención Americana Sobre Derechos Humanos que fue aprobada, en noviembre de 1969, precisamente en Costa Rica. Y eso significa que cuando la vida de una persona está en peligro, por encima del color de su piel, de su nacionalidad o nivel socioeconómico, lo ético y moralmente correcto es valorar qué es lo más importante y tomar la decisión correcta. Los policías ticos que se quedaron observando el horrendo espectáculo de la destrucción de una vida humana, podrían ser culpables del delito de homicidio culposo. Y aunque los tribunales costarricenses declararan su inocencia, tendrán que responder a sus conciencias y a las preguntas de sus hijos y otros parientes, acerca de por qué no salvaron la vida de Natividad Canda.
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