Arrogancia militar
René García Baltodano
Sería mas o menos en el año 1999 ó 2000, cuando un viaje con mi mejor amigo de la infancia, y con otro amigo, quiso ser cortado de manera brusca, abusiva y arrogantemente por una caravana a todas luces militar, encabezada por una camioneta Toyota Land Cruiser,, último modelo, que conducía un individuo visiblemente de alto rango dentro del Ejército de Nicaragua.
Debido a que el vehículo en el que yo viajaba era igual o mejor que el que dirigía la caravana —algo a lo que durante el sandinismo sólo los “comandantes” tenían derecho— y gracias a la destreza de quien conducía bajo mis instancias, mantuvimos la velocidad y el curso, impidiendo así el capricho de la caravana que no traía escolta policial y no anunciaba su presencia con las luces indicadoras, sino que solamente avasallaba a los demás conductores sobre la vía.
De espíritu rebelde y con la impulsividad de mis 20 ó 21 años, no cedí ante las presiones de la escolta e impuse mi presencia inclusive entre los vehículos de la caravana, no habiendo permitido desde el principio, que éstos se alinearan.
Tal forcejeo generó enojo en el militar de alto rango, líder de la caravana, a tal punto que frente al aeropuerto, que aparentemente era su destino, y mientras le adelantaba mi vehículo, despotricaba ante mis oídos sordos por la ventana que yo mantenía cerrada, al mismo tiempo que un soldado en la parte de atrás de su Land Cruiser bajaba el vidrio polarizado y nos mostraba en tono amenazante su fusil AK-47.
Quedándose rezagado con un automóvil más lento, mientras proseguíamos nuestro camino logré ver a través del retrovisor, que el militar de alto rango, furioso porque un civil no se había apartado frente a su presencia —a como estaban acostumbrados en sus “tiempos mozos”— hizo amagos de perseguirnos, pero desistieron.
Ratos después, al igual que hoy, con la cabeza más fría y escuchando a mi mejor amigo, más tranquilo y mesurado que yo, reconozco que mi acción fue temeraria e imprudente frente a quienes pudieron, sin reparo, cargar mi vida y principalmente la de mis acompañantes que no tenían nada que ver con mi impulsividad y rebeldía.

|