SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA
MARTES 29 DE NOVIEMBRE DE 2005



 
Su misión: heredar valores

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.La tradición de celebrar Navidad en familia tiene como principal pilar recordar que se celebra el nacimiento de la fe cristiana. Tres abuelas nos cuentan cómo luchan por heredar sus costumbres

Ana María Chamorro de Holmann.

 

Gretchen Robleto Lupiac

En una ocasión escuché a alguien decir: “Cuando mi mamá falte, seguramente la familia se distanciará, ya no nos reuniremos cada diciembre a celebrar Navidad”. Para muchas personas el eje de las tradiciones son las madres, es en ellas que recaen responsabilidades como garantizar la unión familiar y heredar tradiciones, siendo una de las más fuertes para los cristianos la celebración de Navidad.

Amalia Guzmán tiene ocho hijos, 17 nietos y siete bisnietos. A sus 85 años de vida define la Navidad como la celebración del Nacimiento de Jesús y un llamado a la humildad que debe haber en los seres humanos. “Jesús nació en un pesebre, ¿quién nace en un pesebre? Debemos tener presente que su nacimiento es el origen de nuestra fe y que Él dio lecciones de humildad”.

Cada 24 de diciembre convoca a su familia para ir juntos a escuchar la misa celebrada en honor al nacimiento de Jesús. Amalia comenta que cuando se es joven se suele minimizar la importancia del sentido espiritual de esta celebración, siendo los regalos y las fiestas la principal motivación, pero en la medida que pasa el tiempo y llegamos a un estado de madurez mayor, se cobra conciencia de la riqueza que tienen estas fechas.

“La Misa del Gallo, en mis tiempos se celebraba a la medianoche, ahora hasta en mi iglesia las costumbres han cambiado y la hacen a las ocho de la noche”, dice. Según la tradición, la Misa del Gallo debe su nombre a que un gallo fue el primero en presenciar el alumbramiento. La Misa del Gallo se celebra el 24 de diciembre a la medianoche y su celebración conmemora el nacimiento del niño Dios.

Aunque a Amalia le gustaba más la misa a la medianoche, ninguna Navidad de su vida ha faltado a la misa, ya que esta tradición la heredó de sus padres, quienes a su vez la heredaron de sus abuelos. Amalia sigue la tradición y se encarga de garantizar que sus hijos, nietos y bisnietos escuchen la misa dedicada especialmente al nacimiento de Jesús.

Amalia enviudó hace apenas tres años, después de haber compartido 58 años de matrimonio con el padre de sus hijos. La muerte de su esposo la sumió en un estado de depresión que la mantuvo durante cuatro meses en cama. Su salud ha sufrido estragos como que ahora debe movilizarse en silla de ruedas. Recibe fisioterapia para recuperar la fuerza en sus piernas, las mismas que durante muchos años la han llevado a tocar puertas para pedir y piensa hacerlo este año, extender su mano para lograr reunir suficiente dinero para comprar 5,000 juguetes que cada Navidad debe, junto a una prima, entregar a niños de Granada. Su estado de salud y la edad asegura que no la detendrán porque “la Navidad es compartir”.



HERENCIA VALIOSA

A las 6:00 p.m. nadie puede faltar. Todo “el familión” debe estar listo para escuchar la misa que el sacerdote amigo de la familia ofrecerá en honor al nacimiento de Jesús. Después de la misa, los niños entregan regalos a la imagen del Niño Dios y le ofrecen un mensaje. Éstas son algunas de las costumbres que tienen casi 100 años de celebrarse en la familia de Anita María Chamorro de Holmann, procreadora de siete hijos, 23 nietos y diez bisnietos.

Recuerda que desde niña su mamá les enseñó la tradición de pedir los regalos al Niño Dios. “El regalo que siempre anhelé era la varita de virtud. En los tiempos de cuentos de hadas, se nos enseñaba que con la varita de virtud podías hacer hasta lo imposible”, dice.

“La Navidad más triste fue la primera en que no estuvo mi esposo”, dice Ana María, quien compartió 40 años, cinco meses y 10 días de matrimonio. Pero asegura que como la Navidad debe ser alegría, la celebración del nacimiento de la fe cristiana ocultó su dolor ante la familia. “Yo no quise hacer sentir a los demás esa tristeza porque no es momento de involucrar en la tristeza a los demás. El Señor me ha ayudado mucho a superar esa tristeza”, dice.

Para inculcar en hijos, nueras, yernos y nietos, la celebración de la Natividad, ha regalado a cada matrimonio miembro de la familia, un nacimiento. “Creo que los principios y los valores se inculcan desde la cuna. La familia es la encargada de transmitirlos”, reconoce.

Este año tendrá una razón muy especial para celebrar. El 7 de noviembre, la imagen de la Virgen de Cuapa fue llevada a su casa, convocó a todos sus hijos, nietos y bisnietos. El sacerdote le dio una tarea: bendecirlos. “Me llenó mucho de emoción porque yo sentí un poder de plenitud como madre. El Señor me estaba prestando ese poder”, comparte.

La celebración de Navidad va más allá del entorno familiar. Cada diciembre, junto a las colaboradoras de la congregación de Madre Teresa de Calcuta, ofrece regalos a los enfermos de lepra, a las familias necesitadas y a los miembros de la catequesis.

“Invito, sobre todo a la familia, a reunirse con amor para celebrar la venida de Cristo, la paz, el perdón, porque sin perdón no hay nada”, agrega.



ORACIONES DE LOS NIÑOS

Es difícil saber con certeza si Karina de Atha es la alegría de sus nietos o si los nietos son la mayor alegría de Karina. Lo innegable es que ni ella ni los más pequeños de la familia se imaginan sus vidas sin la presencia del otro.

Karina de Atha es una abuela de 52 años. Tiene cuatro nietos que se pasean por su casa como si estuvieran en un parque de diversiones y tienen razones de sobra para hacerlo, su abuela es como dirían algunos adolescentes: “súper cool”.

Bonita, ágil, generosa y organizadora de las fiestas navideñas más divertidas. Cada 24 de diciembre, Karina logra reunir más de 30 personas en su casa y desde que llegan los primeros invitados hasta que se va el último de ellos siempre hay varios que no dejan de bailar y sólo interrumpen la música para hacer el acto más importante de la noche: una oración.

Esta moderna abuela que es madre de tres hijos, afirma que la tradición de reunir a toda la familia para Navidad es una herencia de sus padres. “Antes que nada, la Navidad es celebrar el nacimiento de nuestro Señor, aprovechar esta fecha tan maravillosa y significativa para reunirse toda la familia”.

Una costumbre muy especial que tienen para la Noche Buena es colocar el nacimiento y mantener la imagen del niño Dios, cubierta con un mantelito de lino. A la medianoche del 24 de diciembre, develan la imagen y cada uno de los presentes que recibe en sus manos la imagen hace una oración. “En este acto los principales participantes son los niños, me gusta inculcarles desde pequeños el verdadero significado de la Navidad”, dice Karina.

Esta moderna abuela recuerda como la Navidad más triste de su vida, la del año 1972. “La familia se separó, un hermano de mi mamá murió sepultado por una pared. Fue muy doloroso ver el dolor de las familias”, afirma Karina, para quien son las familias las encargadas de garantizar que la celebración de la Navidad se mantenga a través del tiempo.

“Mientras tengamos al Señor Jesucristo en el centro de nuestras vidas, esta tradición no puede caer”, afirma.  
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