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De colas de vaca, colados y similares
Sergio Ramírez

He disfrutado el artículo de mi querido amigo el doctor León Núñez acerca de los conceptos cola de vaca y similares, muy practicados en Nicaragua, y le agradezco que me cite como un aficionado a desentrañar sus significados y alcances. Es cierto que en una de las doctas sesiones de la Academia de la Lengua emprendimos un álgido debate acerca del asunto; y de allí me nació la inquietud de elaborar un pequeño léxico:

Cola de vaca. La persona que por costumbre inveterada se presenta en fiestas donde hay comida y bebida, lo que da soberanía a su carácter de colado, o paracaidista. Colado. La persona que come y bebe en una celebración, sin haber sido invitada, y cree que ha pasado desapercibida. Coyote. La persona que come y bebe a costillas de otro, generalmente de manera habitual, y sin inmutarse. Paracaidista. El que cae alegremente en una fiesta donde hay de beber y comer. Choñero. El que siempre deja que los demás paguen lo que comió y bebió.

Estos términos, como se ve, se hayan muy emparentados entre sí, y lo mismo las personas cuyas costumbres les dan origen, que forman una familia muy unida; y a veces es posible tomarlos como sinónimos, debo reconocerlo. Pero entre ellos hay diferencias sutiles, que sólo el ojo de un experto puede averiguar, y un elemento muy útil a considerar es la afición, y la veteranía. Sólo un buen veterano puede ser cola de vaca, ya que el término indica que el usuario se pega al que paga, como la cola a la vaca, y entra en cualquier fiesta como si fuera el propio dueño. Pero los colados tienen también esta virtud de la veteranía inveterada, así es de sutil la cosa.

Yo le di al doctor Núñez, en nuestra instructiva plática al respecto, rociada con finos licores y sabrosos bocadillos, varios ejemplos, entre ellos uno connotado, el de un diplomático cesante que se presenta urgido a ágapes y recepciones diplomáticas, excusándose de su tardanza, ya que viene de otra fiesta similar, donde tampoco ha sido invitado. ¿Cómo lo catalogamos? Ya que se trata de una discusión abierta, y no sólo lingüística, el lector puede ayudar si así lo considera pertinente.

El mejor ejemplo me lo dio, sin embargo, el propio doctor Núñez. Con motivo de las fiestas patronales de Acoyapa, después de pasado el desfile hípico en el que su esposa doña Ercilia, estupenda amazona, siempre se luce, ambos suelen ofrecer a sus amigos un almuerzo en su casa solariega frente al parque. Y una vez, no hará dos años, se les presentó un verdadero virtuoso del oficio. Llegaba con grande acompañamiento, y sin vacilar ni mostrar falsía, ocupó con su comitiva la mejor mesa y se hizo dueño de la situación: puso a su orden a los meseros, llamándolos cada vez con grandes palmadas, logró que le situaran al centro de su mesa una botella de whisky, y a la hora de comer hizo que sirvieran a él y a los suyos de primero.

Como se ve, todo un artista. El colado que así se comporta deja de ser un simple choñero, o un paracaidista común y corriente, y pasa a la superior categoría de cola de vaca. Deseo proponer al doctor Núñez que organicemos una especie de certamen en el que pongamos a concursar a diversos candidatos que ambos tenemos in pectore, para ver quién logra el campeonato de todos los pesos, libra por libra.

Debo decir también, y en esto ambos nos hallamos en acuerdo, que hay cola de vacas, choñeros, colados, coyotes y paracaidistas en el campo de la política; pero de ellos espero ocuparme la próxima vez.

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