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Cuando murió en Aix, Francia, hace cien años, el 22 de octubre de 1906, Paul Cézanne había logrado, a pesar de todo, un considerable prestigio como pintor. Fiel a sus búsquedas y nada complaciente con el mercado, a la hora de su muerte tal vez no pudo imaginar que su obra sería tan importante como para darle un giro de 360 grados a la pintura universal.
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