Alianza con arnoldismo es más de lo mismo
Hortensia Rivas Zeledón
Para las elecciones de 1996 el PLC y su candidato a la Presidencia de la República coreaban constantemente los estribillos: “no desperdicies tu voto”, “con Arnoldo no habrá contubernio”, “el cambio viene, Arnoldo te conviene”. El cambio llegó para Arnoldo y su camarilla que pasaron de pobretes a potentados en un santiamén por el atraco que perpetraron en las instituciones del Estado. Ahora, unos pocos andan huyendo y otros están protegidos por las diputaciones y otros altos cargos que les proporcionan inmunidad e impunidad.
Los sandinistas sabían, por las encuestas, que iban a perder. En la noche del 20 de octubre de 1996, activistas del FSLN armaron un gran alboroto y tiraron las bolsas que contenían las boletas de votación, las que volaron por las calles, para deslegitimar las elecciones. El señor Alemán tomó posesión descalificado por el sandinismo. En abril de 1997 le montaron una micro-asonada y lo amenazaron con enjuiciarlo por los robos que él y sus concejales y allegados habían perpetrado en la Alcaldía de Managua entre 1990 y 1996. Y como él tenía planeado aprovechar en grande la Presidencia de la República, aceptó presuroso las exigencias de Ortega quien le presentó la lista de propiedades robadas a través de la piñata sandinista que eran intocables, además de las bases del pacto libero-sandinista.
Para implementar dicho pacto montaron una caricatura de diálogo entre los dos partidos que han impuesto dictaduras, guerras civiles y han saqueado las arcas del Estado. Además, aumentaron desmesuradamente el número de miembros de la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de la República, el Consejo Supremo Electoral, crearon la Fiscalía y repartieron los cargos entre los más sumisos a los capos de los dos partidos. Así garantizaban el cumplimiento de lo que ellos acordaran y además aumentaron los impuestos.
Reformaron la Constitución y la Ley Electoral para imponer el bipartidismo libero-sandinista, suprimir la participación de otros partidos y candidatos en las elecciones, inventaron dos municipios y una raya para impedir que Pedro Solórzano fuera candidato a Alcalde de Managua por el Partido Conservador, en el año 2000
El pacto entre los capos libero-sandinistas ha mantenido secuestrado al país porque la Contraloría acusa y persigue a los que le ordenan los dueños del pacto y no descubre los robos que ellos no quieren que se descubran. Los magistrados y jueces pactistas lo menos que hacen es justicia, el Consejo Supremo Electoral adjudica triunfos y derrotas electorales al capricho de Ortega y Alemán y los diputados liberales están empecinados en borrar los robos de su cacique y limpiarle la imagen. Por eso le han entregado al sandinismo todo el poder que el pueblo le quitó el 25 de febrero de 1990.
Es absurdo reunir a las fuerzas democráticas bajo la hegemonía de la cúpula del PLC para impedir el triunfo de Ortega, si ellos son socios y cómplices. Presionar a los demócratas para que se alíen al arnoldismo es ofrecerle a los nicaragüenses más de lo mismo y contra eso el pueblo y la sociedad civil han marchado cuatro veces. Lo mejor es que participen la alianza de centro derecha con su candidato joven y moderno, la alianza de centro izquierda con una propuesta izquierdista moderada y, aparte, el PLC con su candidato y el FSLN con Ortega y que sea el pueblo el que decida.
Basta ya de chantaje. Es falso que los arnoldistas son garantía para la democracia porque cuando tuvieron el poder fortalecieron al sandinismo e implantaron una súper corrupción y los liberales Zelaya y Somoza fueron dictadores.
La autora es miembro de la Junta Directiva del Partido Conservador

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