Pólvora
E. Arturo Castro Frenzel
Tal vez no lo he percibido, o tal vez no ha sucedido: no he escuchado a ningún ecologista ni a ningún apóstol de la salud protestar por los daños que la pólvora hace a la salud, especialmente de los niños y ancianos, no solamente en contra de las vías respiratorias, sino del sistema auditivo y el sistema nervioso en general.
Pero también el medio ambiente sufre consecuencias funestas: los animales, especialmente los pájaros, se aterrorizan por los tan innecesarios como insensatos estallidos. Esto los somete a súbitos momentos de estrés, al que generalmente no están acostumbrados. Cosa completamente innecesaria. Tal vez cabría algún impuestito, de esos que a los políticos les gusta recetar por y para nada, pero en este caso un impuesto que grave los productos pirotécnicos y cuyos beneficios pasen directamente al Ministerio del Medio Ambiente, de Salud, o a alguna institución ambientalista verdaderamente acreditada y que se lo merezca. Por lo demás, quemar pólvora es quemar el dinero. Pero si alguien prefiere pasar hambre o alimentarse mal en vez de desistir de esta absurda costumbre, bien puede hacerlo. Pero que tome conciencia del perjuicio que se hace a sí mismo y a la colectividad.

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