Circo en la Asamblea Nacional
Los diputados comenzaron el año final de su período legislativo de cinco años, igual que lo comenzaron: con trampas, circo, violación de la Constitución y manipulación de la verdad.
Para la sesión parlamentaria del día 9 recién pasado, en la que se debía elegir a la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, el PLC pretendió incorporar a su bancada a un falso suplente del reo Arnoldo Alemán, quien simplemente no tiene suplente porque según el artículo 133 de la Constitución Política de la República quien lo debería suplir es la persona que fue Vicepresidente de la República en el período de gobierno anterior, o sea el actual presidente Enrique Bolaños Geyer.
Precisamente en base de esa disposición constitucional fue que en diciembre del 2001 la Corte Suprema de Justicia resolvió que Arnoldo Alemán no tiene suplente, cuando el PLC quiso incorporar como tal al señor Leopoldo Navarro.
Por el lado sandinista, el diputado Gerardo Miranda Obregón se prestó para montar un escenario kafkiano al “cambiarse” repentinamente a la bancada del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), para votar por la candidatura de Enrique Quiñónez para presidente de la Asamblea Nacional. Los sandinistas, trataron de impedir que esa maniobra tuviera éxito, incorporando a la diputada suplente de Miranda, la señora Venancia del Carmen Ibarra Silva. Ante esto Miranda Obregón acusó a sus colegas sandinistas de haber falsificado su firma, y luego la sesión parlamentaria se paralizó en medio de abucheos, gritos, ofensas, amenazas de muerte subliminales y recriminaciones de uno y otro bando.
Esto ha sido un verdadero circo, pero de la peor calidad, que deja en evidencia no sólo cuáles son los intereses que defienden los legisladores por medio de sus decisiones, sino también hasta dónde están dispuestos a llegar para lograr sus propósitos, o más exactamente, los propósitos de sus respectivos cabecillas o caudillos.
De manera que el 9 de enero no se pudo elegir la Junta Directiva, lo cual es un acto violatorio del Reglamento Interno de la Asamblea Nacional, el cual aunque sólo rige expresamente para el Poder Legislativo sin embargo tiene fuerza de ley. O sea que la Asamblea Nacional cayó en ilegalidad y se mantendrá en ella hasta que elija a su Junta Directiva para la Legislatura del 2006.
Pero el colmo del circo parlamentario es que la noche del mismo 9 de enero, el diputado Miranda Obregón se presentó ante los medios, junto a Daniel Ortega, para “revelar” que su cambio de bancada había sido un montaje para evitar la elección de Enrique Quiñónez como presidente de la Asamblea Nacional. Según dijeron ellos mismos, Miranda Obregón actuó bajo las órdenes directas de Daniel Ortega para infiltrarse temporalmente en el PLC. Si esto fuera cierto, significaría que el FSLN sigue aplicando los procedimientos delictivos de infiltración y espionaje, de las que el mismo Enrique Quiñónez, asociado de Daniel Ortega en el pacto libero-sandinista, lo acusó recientemente al denunciar que mensajes telefónicos recibidos en su teléfono celular eran divulgados en un programa radial sandinista.
Alguna institución oficial o de la sociedad civil debería investigar estos hechos que son una vergüenza para la clase política de Nicaragua y una ofensa para los ciudadanos nicaragüenses. Pero en todo caso, lo que se ve bastante claro en medio de esa turbiedad política de la Asamblea Nacional, es que los sandinistas amenazaron a los liberales con llevar de nuevo a Arnoldo Alemán a la cárcel Modelo, para obligarlos a ceder; y que al diputado sandinista “traidor y arrepentido” lo habrían amenazado también de alguna manera, para obligarlo a romper su acuerdo con el PLC y volver al redil de la bancada sandinista.
Está muy claro también —una vez más— que a los partidos FSLN y PLC no les preocupa la estabilidad política y económica del país, ni la continuidad de la democracia, sino únicamente la consecución de sus propósitos partidistas.
Y de la misma manera ha quedado absolutamente claro —y los ciudadanos no deberían desaprovechar la gran lección de lo acontecido esta semana en el parlamento — que la nación no puede dignificarse, ni la democracia puede fortalecerse, ni el país puede progresar, si para la próxima Asamblea Nacional no se elige como diputados a personas que realmente valgan la pena.

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