Nuevos giros de la izquierda
Joaquín Absalón Pastora japastora@hotmail.com
Las izquierdas toman un nuevo giro en América Latina. Van por senderos moderados. No son ya las radicales susceptibles de vestirse con el traje del arcaísmo. Cuba llevó la batuta con las partituras de Marx y de Lenin.
Derribada la matriz soviética impuesta en un vasto sector de Europa, vino un rocío aparentemente restaurador y prometedor pero en el fondo deslegitimado por abusos cometidos al surgir economías libres, libérrimas, en las cuales menudearon las privatizaciones, muchas de las cuales resultaron nocivas, engarzadas en las fantasmagorías salvajes de sistemas donde se hizo a un lado la conciencia social.
Éstos se fincaron y se extendieron principalmente en los países donde se produjeron los cambios, considerados como consecuencia de algo despectivamente llamado “neoliberalismo”. Ideológicamente lo que ha existido es el liberalismo llano. Pero las esencias originales de esta doctrina fueron envenenadas por un prefijo que contribuyó mucho a desfigurarlo.
En esta nueva etapa la izquierda nueva está invitando a los inversionistas extranjeros. Ricardo Lagos con su socialismo a la chilena es un plácido ejemplo de hechos realizados.
El ensanchamiento del libertinaje produjo gobiernos corruptos en los cuales en nombre del mercado y de fracasadas recetas del Fondo Monetario Internacional, proliferaron abusos que rompieron el equilibrio y le dieron mayor visibilidad a las desigualdades sociales y económicas. Gorilas engordándose y pueblos enflaqueciéndose.
La izquierda de Chávez en Venezuela fue la criatura engendrada por el latrocinio cometido por los gobiernos democráticos sólo de forma nominal, dentro de los cuales la desviación se dio con más notoriedad en el último período de Carlos Andrés Pérez.
El deplorable e indisimulado estilo extendió sus alas al Brasil donde un Collor de Mello pasó por el filtro de la depuración, sugiriendo la opción de Lula, un candidato que no había sido anteriormente el favorito, mientras Menem y De la Rúa, procesados los dos por las autoridades de justicia de su país, le pavimentaron el piso al actual presidente Kirchner, asido al actual nido ideológico del sur dentro del cual figuran por su mesura Tabaré, de Uruguay; Lagos, de Chile; y Lula, del Brasil.
Así la izquierda democrática y no totalitaria ha ido izando su bandera con cuyos refrescados colores se da una respuesta oportuna a la retórica pendiente de cumplir de populistas o desfasados o de dirigentes de derecha carentes de identidad y en quienes no ha existido ni un ápice de preocupación por el bienestar social de las mayorías.
Esta nueva izquierda llamada por Jorge Ramos “la izquierda enderezada”, no tiene como norma la confiscación de los bienes ajenos y no ve a la producción privada, a la “oferta y la demanda” como símbolos de la explotación sino como factores de las economías y las fórmulas efectivas pero vistas con la lupa del control, buscando la racional equidad dentro de la humanización del capitalismo.
Ahora se ha sumado a la nueva corriente el triunfo de Evo Morales. Nunca se supuso antes que este líder sindical, orgulloso de ser “cocalero”, iba a tener la posibilidad de ser Presidente de Bolivia, no por su origen campesino sino por su afiebrado discurso. Lula ha sido una sorpresa como gobernante. Y quizá sea la luz que ilumine el camino de Evo, obligado a diseñar el paraíso, más no el infierno.
Lo más llamativo de este proceso es que estos líderes han sido puestos por el voto de los pueblos, razón por la cual no pueden ser descalificados por nadie. Algunos han ganado no por margen estrecho, han barrido.
Lo cierto es que tanto el comunismo como el neoliberalismo bien pueden acreditarse la escritura de un epitafio sobre la tumba.
Desde luego que en este resurgir no caben los extremismos tristemente comprobados del pasado.
El autor es periodista.

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