La percepción de los palestinos como víctimas se ha convertido en la herramienta de marketing más poderosa de la que dispone ese pueblo del Medio Oriente, y nadie la utiliza con mayor eficacia que ellos mismos.
Esto no hadisminuido la amenaza del terrorismo palestino. Como demuestra el reciente atentado de Tel Aviv, la Intifada está aún viva y coleando. Otra realidad inmutable es la insistencia de los palestinos de echar siempre la culpa a Israel. En la psique palestina, Israel es Goliat y los palestinos son David. Tras el ataque de Tel Aviv, por ejemplo, vimos la clásica maniobra mediática palestina, perfeccionada por el difunto Yaser Arafat, de condenar a Israel por los crímenes de los terroristas palestinos (Mahmoud Abbás fue la notable excepción: condenó los atentados, caracterizándolos como “acciones terroristas” y observó, correctamente, que no saldría ningún bien de ellos ).
Simultáneamente, continúa la psicología palestina de “ocupación”, como atestiguamos después de que Israel implementase su plan de desconexión de Gaza. Era notable ver a los portavoces oficiales palestinos estableciendo el argumento de que la entrega de Gaza cambiaba muy poco el panorama y que, en lo que a ellos concernía, Gaza continúa siendo “territorio ocupado”. Mahmoud Abbás afirmaba claramente el 7 de julio de 2005 que “el status legal de las zonas designadas para evacuación no ha cambiado”. Y ahora, después del atentado de Tel Aviv, el jeque Mohammed Abú Tir, miembro del parlamento de Hamas, era citado diciendo: “Israel y la ocupación son los responsables. Antes del ataque, dos días antes, Israel mató a 18 palestinos”. Debe quedar claro, definitivamente, que nadie más que Israel desea vivir en absoluta paz con sus vecinos y así lo está demostrando (como lo hicieron sus predecesores) el primer ministro Ehud Olmert a través de sus conversaciones con Moubarak en Egipto y con otros líderes árabes.
Además, organizaciones internacionales como la United Nations Relief and Works Agency (UNRWA ) defienden la percepción de que, sin que importe la realidad, los palestinos están ocupados de por vida. La UNRWA tiene un interés financiero en perpetuar esta ficción. Mientras los palestinos sean refugiados, la UNRWA estará en funcionamiento. El motivo es que el éxito de la UNRWA no se mide según los resultados, sino por las contribuciones que recibe, y aquí dicha agencia se basta y se sobra. La administración Bush ha acordado contribuir al fondo de emergencia de la agencia este año con 51 millones de dólares, más del doble de los 20 millones de dólares que aportó el año pasado. En conjunto, la donación norteamericana a la UNRWA alcanza más de 100 millones de dólares anualmente.
Los propios fondos ilustran cómo Estados Unidos perpetúa el estado de profunda dependencia en el que los mandamás de la clase alta palestina declinan toda responsabilidad económica en la comunidad internacional. Si uno examina la sociedad palestina en conjunto, carece sobre todo de movilidad social. Existen dos clases en la sociedad palestina: una pequeña clase de economía desahogada y los pobres, que comprenden la mayoría de la población. Sin embargo, la pobreza en Gaza no es sorprendente a causa de la presunta ocupación. En lugar de eso, es un Estado autoinfligido de las cosas, creado por los líderes palestinos que se supone gobiernan y mejoran las vidas de los palestinos, pero que en lugar de eso prosperan a sus expensas. El hecho es que la corrupción de Arafat y la Intifada de al-Aqsa sólo han logrado perjudicar a la sociedad palestina en lugar de impulsar sus deseos.
Mientras los palestinos se aferren a la falsa noción de “estar ocupados”, con Israel en el papel de “el opresor”, no asumirán la responsabilidad por ellos mismos. En la sociedad palestina las condiciones socioeconómicas no son la causa raíz del terrorismo suicida, puesto que son los que tienen mejor formación los que sacrifican sus vidas en nombre de Alá. Y el terrorismo árabe no comenzó con la presunta ocupación después de la Guerra de los Seis Días; comenzó nada menos que en 1929, cuando los judíos eran masacrados en Hebrón. A pesar de la historia, en la nomenclatura de los palestinos la “ocupación” continúa siendo la causa básica de todos los problemas, desde los obstáculos sociales y económicos hasta el terrorismo.
La retorcida psicología que utilizan los palestinos para impulsar el sentimiento de victimización ha tocado con éxito la fibra sensible de la comunidad internacional, en detrimento de ambos. Fue la ex Primera Ministra israelí Golda Meir quien dijo que “ mientras los árabes odien a los judíos más de lo que aman a sus propios hijos, no habrá paz en el Medio Oriente”. La continua incitación al terrorismo sugiere que no ha llegado el momento aún. De esto, y de gran parte de su sufrimiento los palestinos sólo pueden culparse a sí mismos.